miércoles, 16 de septiembre de 2015

PESTE PORCINA CLÁSICA EN CHILE Y SU ERRADICACIÓN. Patricio Berríos E. 2015

SITUACIÓN DE LA PESTE PORCINA CLÁSICA EN CHILE

Patricio Berríos E.

El primer diagnóstico de PPC se realizó a mediados de 1943 (Abel, 1945). Durante el periodo 1981 - 1996, se presentaron 295 focos de PPC que afectaron a 19.998 animales, con un total de 2.446 muertos a causa de la enfermedad. Los tres sistemas de producción fueron involucrados, tanto el industrial como el pequeño tenedor y las comunidades indígenas. Según el SAG, la PPC se presentaba en las regiones V a IX y RM, y en forma esporádica en las regiones I a IV y X, generalmente relacionada con brotes epidémicos en zonas de mayor concentración porcina. La XI y XII regiones se consideraban como indemnes.

En 1980 el SAG realizó un estudio en mataderos entre la IV y X regiones, concluyendo que existía un 3% de prevalencia de esta enfermedad. Con esta base se elaboró el Proyecto de Erradicación de la Peste Porcina Clásica en Chile, iniciándose las actividades en 1981 con el objetivo de declarar al país libre de esta enfermedad, en un plazo de 10 años. A fines de 1981 las acciones sanitarias del SAG lograron bajar la frecuencia de presentación de la enfermedad a niveles que permitieron iniciar la erradicación de la PPC en Chile.

Los objetivos del proyecto de erradicación de la PPC de Chile fueron:

- Erradicar la PPC del territorio nacional.
- Implementar un sistema de vigilancia para enfermedades exóticas del cerdo.
- Mejorar las expectativas del comercio exterior.

Las acciones básicas que se llevaron a cabo comprendían las siguientes acciones:

- Control de los focos de PPC detectados a través de la aplicación de una cuarentena prediagnóstica predial, seguida, ante la confirmación de PPC, de una cuarenta oficial.

- Prohibición de la libre comercialización de animales en ferias, mataderos y otros predios.
- Para cada foco de PPC se debía realizar una investigación epidemiológica destinada a conocer el o los posibles orígenes de la enfermedad,
- Atención a las denuncias de sospecha de la enfermedad en predios, ferias y mataderos.
- Obtención de muestras de mataderos, especialmente de aquellos de mayor volumen de faenamiento regional.
- Realización de un censo porcino nacional que permita caracterizar los ecosistemas posrcinos.

El establecimiento de este proyecto permitió el control de la PPC, disminuyendo los focos de 97 a 0 en el año 1989. Sin embargo, el virus se mantuvo presente en los planteles porcinos, causando 2 ó 3 focos en los años 1990 y 1991  considerándose  a la  peste porcina clásica como limitante sanitaria para la exportación de carne.   Tres brotes epidémicos ocurrieron entre 1981 y 1993, el primero desde 1981 a 1983; el segundo entre 1985 y 1986, el tercero en 1992 en que el número de focos aumentó a 34 distribuidos a nivel regional y metropolitano. En 1993 la presentación disminuyó a 15 focos, uno de ellos afectó a la XII región considerada hasta este momento como indemne. En 1994 se presentaron 14 nuevos focos que afectaron preferentemente a tenedores familiares que alimentaban sus animales con desperdicios contaminados. En el año 1995 sólo se presentó un foco en el país en una explotación familiar, en Quillagua, II Región. En 1996, se presentó nuevamente la enfermedad como consecuencia del brote del año anterior en que quedaron animales portadores, procediéndose al sacrificio y destrucción de todos los cerdos del predio afectado. Quillagua está situado en medio del desierto de Atacama a más de 1.000 km de la zona de producción porcina.

En 1995 se establecieron modificaciones al Plan de Control y Erradicación de la PPC y se determinó una nueva estrategia cuyo objetivo fue erradicar la PPC del territorio nacional. Sus principales líneas de acción fueron:

- Vigilancia epidemiológica
- Control sanitario
- Laboratorio
- Divulgación sanitaria
- Legislación
- Capacitación.

Las técnicas diagnósticas utilizadas fueron:
- 1981. Inmunofluorescencia directa
- 1984. Cultivo de virus en células de riñón porcino (PK-15)
- 1994. ELISA

En 1997 se constataron importantes hechos:
- Ausencia de enfermedad por más de 4 años en el territorio nacional
- Ausencia de focos de PPC en planteles industriales y en explotaciones de cerdos de pequeños propietarios.

Considerando este favorable escenario el Servicio Agrícola y Ganadero, haciendo uso de sus facultades legales resolvió la prohibición en la aplicación, importación y expendio de toda vacuna contra la peste porcina clásica. (Ley Nº 2.928, Diario Oficial de la República de Chile. 6 Oct. 1997. Santiago, Chile). Se mantuvo un banco de 800.000 dosis de vacuna, la que se utilizaría eventualmente si ocurrieran casos de PPC. Además se seguían vigilancia epidemiológica, controles sanitarios y centinelización.

La normativa establecida en el Artículo 2. 1. 13. 2. del Código Zoosanitario de la OIE señala; “Se puede considerar que un país está libre de PPC cuando consta que la enfermedad no existe en el mismo desde hace por lo menos 2 años. Este tiempo se reduce a 1 año desde la aparición del último caso para los países que practican el sacrificio sanitario asociado a la vacunación contra la PPC, y a 6 meses para los que practican únicamente el sacrificio sanitario”.

En consideración que se estaban cumpliendo con estas exigencias internacionales, el país se declaró libre de peste porcina clásica el 6 de abril de 1998, Resolución 987 del Ministerio de Agricultura publicada en el Diario Oficial de la República de Chile, Nº 36039 del 14 de abril de 1998 (Adriasola et al, 1999). Consecuentemente esta enfermedad se incorporó al Sistema de Prevención de Enfermedades Exóticas (SAG, 1998).  

La División de Protección Pecuaria del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) del Ministerio de Agricultura de Chile, informó a la OIE acerca de un ejercicio de simulacro teórico de peste porcina clásica  que se llevará a cabo en noviembre de 2010, en la ciudad de Chillán, Región del Bío Bío, Chile. El objetivo de este ejercicio fue desarrollar las competencias técnicas del Servicio Veterinario de Chile.

La OMS declaró oficialmente a Chile libre de peste porcina clásica en 2015.



Adriasola, S., P. Avalos, N. Calcagno, N. Díaz, R. Moreira, M. Rojas. 1999. Chile país libre de peste porcina clásica (PPC). Chile. Ministerio de Agricultura. Servicio Agrícola y Ganadero. Departamento de Protección Pecuaria. Subdepartamento de Vigilancia Epidemiológica. 42 pp.


lunes, 14 de septiembre de 2015

FIEBRE AFTOSA Patricio Berríos E. 2015

FIEBRE AFTOSA
Enfermedad infecciosa viral erradicada en Chile en 1981

Patricio Berríos E.
2015

La fiebre aftosa (FA), foot-and-mouth disease, aphtous fever, glosopeda  o vulgarmente conocida como "epizootia", es una enfermedad infecciosa viral sumamente contagiosa que afecta a los animales de pezuñas hendidas. Esta virosis se caracteriza por la formación de vesículas o aftas en la mucosa bucal y en la piel ubicada sobre el rodete coronario, espacio interdigital y ubres. Su distribución es mundial. Actualmente se le considera como una enfermedad transfronteriza. La FA se presenta con alta morbilidad y baja mortalidad. Las pérdidas económicas se deben principalmente a la disminución en la producción de leche que puede llegar a un 25%, y al retardo en el crecimiento del ganado de carne. En algunas epizootias se han estimado pérdidas cercanas a los US$ 500.000.000  (Olascoaga et al, 1999).

Antecedentes históricos de la fiebre aftosa

El primer caso probable de FA fue descrito en Italia por Hieronymus Fracastorious en 1514. Posteriormente la enfermedad fue reportada en Europa, África, Asia y América, y por una vez en Australia. Los brotes más graves ocurrieron en Asia y Europa en la década de los 60. La FA es prácticamente endémica en todo el mundo (Sumption, Rweyemamu y Wint, 2008). En 1870 se produjo el primer brote de FA en América del Norte (Canadá y EE. UU.), cuyo origen fue el ganado proveniente de Gran Bretaña. En el mismo año se registró la enfermedad por primera vez en América del Sur, en la provincia de Buenos Aires, Argentina, produciéndose una gran pandemia, la que en un año se extendió a Uruguay, Brasil y Chile. En 1910, en un episodio parecido se diseminó hasta Paraguay, Bolivia y Perú.

Durante 70 años la enfermedad se hizo endémica en las grandes regiones ganaderas sudamericanas originando epidemias de diversa magnitud, siendo una de las más graves la que ocurrió en 1944 en los alrededores del Río de la Plata. En 1946 la FA se introdujo en México a través de toros importados desde Brasil. En 1950 hubo un gran brote que afectó al ganado de Venezuela, Colombia y Ecuador. Desde entonces se consideró afectada casi toda la América del Sur, con excepción de áreas marginales como la Patagonia chileno-argentina, Chocó en Colombia, Guyana, Guyana Francesa y Suriname. El brote más prolongado, extenso y costoso ocurrió en México entre 1946 y 1952, lo que obligó al sacrificio de alrededor de un millón de animales.

Canadá, México y EE. UU., Mesoamérica, Panamá y El Caribe han conformado un área tradicionalmente libre de FA (Goic, 1989).

Chile fue reconocido como país libre de FA, sin vacunar, en 1981.

Cepa Pan-Asia tipo O. Un caso notable de diseminación continental del virus aftoso ocurrió en 1990. La cepa Pan-Asia, un topotipo, considerada como muy agresiva, fue identificada por primera vez en India en 1990, desde donde se expandió hacia el oeste a Arabia Saudita y países limítrofes, posiblemente a través de ovejas y cabras. En 1996 llegó a Turquía y de allí pasó a Grecia y Bulgaria. En 1999 se reportaron brotes de FA en Irán, Irak, Israel, Líbano y Jordania. Hacia el Norte llegó a Nepal en 1993, a Bután en 1998, y al Tibet y provincia de Hainan China en 1999, y Mongolia en 2002. Posteriormente, en su diseminación al Este alcanzó Birmania, Laos, Tailandia, Camboya, Vietnam, Malasia y la isla de Taiwán. En el año 2000 se detectó en Corea del Sur y Japón, países libres de FA desde 1934 y 1908, respectivamente. Finalmente llegó a Sud África en cerdos provenientes del lejano Oriente. Probablemente de ese país pasó a Inglaterra. El último brote de FA en Inglaterra había ocurrido en la Isla de Wight en 1981. Antes, la enfermedad se había presentado en 1967 con 2.364 brotes (Berríos, 2001).  Entre 1985 y 2006 la FA se ha presentado continuamente en Europa (Valarcher et al,
2008).

Etiología. El virus aftoso, un virus ARN, está clasificado en el género aphtovirus de la familia Picornaviridae. Se reconocen siete tipos serológicos diferentes y más de 65 subtipos, los que no presentan reacción antigénica cruzada. Los serotipos se identifican como: A, O, C, South African Territories (SAT)1, 2 y 3, y  Asia 1. En América sólo se han detectado los tipos O, A y C.

Algunas propiedades del virus aftoso. Este virus es muy resistente a la desecación, pudiendo permanecer por más de 15 semanas en el heno y paja, y en el cuero aún más. El virus aftoso sobrevive hasta 76 días en ganglios linfáticos y médula ósea de carcasas enfriadas o congeladas (Ryan, Mackay y Donaldson, 2008). Es estable a pH entre  7,0 y 7,6, y es muy inestable a pH bajo 5,0 y mayor de 8,9. Se inactiva rápidamente en el músculo por el bajo pH del rigor mortis. Los desinfectantes más usados contra el virus aftoso son carbonato de sodio 4% (pH 11,0), ácido cítrico 2:1.000 (pH 4,0), soda cáustica (pH 12,5) y formalina (1%). La luz solar y ultravioleta tiene un efecto inactivante. El virus aftoso es resistente a los compuestos de amonio cuaternario, fenólicos, yodóforos fenol (1%) durante 5 meses, alcohol (70º) por 2 a 3 días, cresol (3%) por 6 horas y a solventes de lípidos como el éter y cloroformo.

Hospederos. El virus aftoso infecta naturalmente a los animales de pezuñas hendidas: bovinos, ovinos, porcinos, caprinos, venados y rumiantes salvajes como búfalos de agua, impala y kudú en África. Los camélidos (camellos, dromedarios, llamas y alpacas) son menos susceptibles. Los equinos y carnívoros son resistentes en forma natural. El hombre sólo se infecta en condiciones de laboratorio y se le considera como un importante portador mecánico del virus.

La fiebre aftosa es una zoonosis de escasa importancia (Acha y Szyfre, 2003).  En Chile se aisló el virus aftoso tipo O desde vesículas ubicadas en la palma de la mano de una ayudante técnico del Instituto Bacteriológico de Santiago hoy Instituto de Salud Pública (Meléndez, 1961; Berríos, 2007).

La fiebre aftosa en humanos (Hand, foot and mouth disease)  que provoca exantema viral en  manos, pies y boca en los niños (Síndrome de pie - boca - mano) es causada por enterovirus 71 y virus coxsackie A 16. Esta enfermedad es endémica en Asia.

Síntomas. El período de incubación dura entre  2 y 5 días. Inicialmente los animales presentan fiebre (40 - 41º C) con viremia, decaimiento y una repentina caída en la producción de leche. Posteriormente aparecen vesículas en la lengua, labios, encías, mejillas, paladar, morro, espacio interdigital, rodete coronario, ubres y pezones. Las vesículas tienen un diámetro de 0,2 a 3 cm.

En la fase aguda de la enfermedad se elimina gran cantidad de virus en todas las secreciones y excreciones, especialmente a nivel de leche, saliva y aerosoles. El máximo de eliminación se produce aproximadamente a las 72 horas de iniciado los síntomas. Se acepta que la eliminación de virus puede comenzar antes de la aparición de los síntomas y durar entre 1 y 2 semanas.

Las lesiones bucales causan gran salivación y anorexia; la ruptura de las vesículas deja erosiones muy dolorosas, pudiendo desprenderse gran cantidad de epitelio bucal que es reemplazado por un nuevo epitelio en 2 ó 3 días. Las lesiones podales provocan cojera. Las vesículas de las ubres se asocian con la caída en la producción de leche que puede ser seguida por mastitis aguda. La pérdida de las pezuñas produce laminitis. Lesiones internas pueden ser encontradas en el esófago y rumen. En terneros algunas cepas del virus aftoso se pueden localizar en el corazón produciendo miocarditis (corazón atigrado).

El curso de la enfermedad dura entre 2 y 3 semanas sin complicaciones. Una mayor duración se debe a infecciones secundarias, desprendimiento de las pezuñas, heridas supurativas y gastroenteritis en terneros. La infección es persistente.

Algunos animales que se han recuperado de la FA pueden portar el virus en la región faríngea, el que se ha aislado de las secreciones esofágico-faríngeas 6 meses después de la infección, inclusive hasta 2 años. Los animales portadores, subclínicos o convalecientes, tienen una gran importancia epidemiológica (Sutmoller y Gaggero, 1965)
.

La enfermedad es más grave en bovinos y porcinos. En ovinos y caprinos puede ser subclínica o presentarse sólo con una ligera cojera. Los cerdos son los animales más susceptibles al virus aftoso y se les utiliza como animales centinelas. La sintomatología es similar a la que se presenta en los bovinos, aunque las lesiones podales pueden comprometer la corona provocando la caída de la pezuña. Dada la alta susceptibilidad del cerdo estos animales han sido utilizados como centinelas para detectar la presencia del virus.

Patogénesis. El virus aftoso infecta el tracto respiratorio y digestivo a través de la inhalación de aerosoles o por la ingestión de alimentos contaminados. El virus se multiplica en el lugar de la infección produciendo vesículas primarias en un período entre  1 y 4 días. En animales infectados por la vía respiratoria la replicación viral inicial ocurre en la faringe. Luego se produce  viremia y fiebre. Dos días después el virus se localiza en epitelios distantes con formación de vesículas secundarias. En el fluido vesicular el virus aftoso alcanza títulos infecciosos de 10\
9 DICT/ml. El virus se excreta 24 horas antes de la aparición de los síntomas, situación de gran importancia epidemiológica. Los aerosoles y leche producidos por el animal contaminado contienen grandes cantidades de virus. Además del contacto directo el virus se disemina por contacto indirecto a través de fomites.

Las vesículas se presentan en el epitelio estratificado escamoso o en membranas mucosas. El virus se multiplica en células del estrato escamoso causando aumento de volumen hidrópico y necrosis.

Respuesta inmunológica. El virus aftoso no es un buen antígeno inmunizante. De sus cuatro proteínas estructurales, sólo la proteína 1 (P1) induce la producción de anticuerpos neutralizantes. La ARN polimerasa viral o antígeno VIA induce la producción de anticuerpos que evidencian una infección viral. Anticuerpos clase IgM son detectados a los 4 días post infección, alcanzando su máxima concentración entre los 7 y 14 días, para declinar hasta los 30 días en que no son detectados. Una segunda respuesta humoral, caracterizada por la presencia de anticuerpos clase IgG, es detectada entre 10 y 14 días post infección alcanzando su máxima concentración a los 28 días post infección. Ambas clases de anticuerpos neutralizan el virus aftoso.

Diagnóstico. El diagnóstico de la FA se realiza por aislamiento viral en cultivos celulares de riñón bovino e indirectamente demostrando la presencia de anticuerpos específicos, o circunstancialmente por la inoculación de animales susceptibles como es el ratón lactante en los que el virus produce parálisis espástica.

La FA no puede ser diferenciada, desde un punto de vista clínico, de otras enfermedades vesiculares como son  estomatitis vesicular  (ocurre en bovinos, equinos y cerdos), enfermedad vesicular del cerdo  (ocurre sólo en cerdos) y exantema vesicular del cerdo  (ocurre sólo en cerdos).

Otras enfermedades que pueden ser confundidas con enfermedades vesiculares, especialmente durante los estados clínicos más avanzados son diarrea viral bovina, rinotraqueítis infecciosa bovina, lengua azul, ectima contagioso, estomatitis papulosa bovina y peste de los pequeños rumiantes. 

Muestras. El tejido preferido es el epitelio de vesículas recientemente rotas; idealmente extrayendo aproximadamente 1 gramo de tejido. Como alternativa puede tomarse saliva, tejido del miocardio, sangre o muestras esofágico-faríngeas extraídas con sonda esofágica (probang). Las muestras deben ser sumergidas en un medio de transporte que consiste en una mezcla de glicerina y tampón fosfato pH 7,2 - 7,4 y deben ser enviadas al laboratorio de diagnóstico a una temperatura de 4º C y en un tiempo no mayor de 24 horas. En Chile la muestra de un caso sospechoso debe ser tomada exclusivamente por funcionarios del SAG.

Técnicas empleadas. El aislamiento viral se realiza principalmente inoculando las muestras sospechosas en cultivos celulares de tiroides, que son los más sensibles o en células IB-RS-2 y Baby Hamster Kidney (BHK-21) en los cuales el virus aftoso produce un efecto citopático lítico difuso. La inoculación intraperitoneal de ratones lactantes produce, entre 3 y 7 días, parálisis espástica y muerte.

La identificación viral se realiza clásicamente mediante las pruebas serológicas de fijación del complemento y seroneutralización, utilizando sueros con anticuerpos específicos contra los tipos o subtipos del virus aftoso actuantes en la región. Actualmente se usa la prueba indirecta de ELISA (sandwich) que ha demostrado ser  más sensible que la fijación del complemento en la detección del antígeno aftoso.  La técnica r
eacción en cadena de la polimerasa en transcripción reversa (RT-PCR)  puede identificar genoma viral del virus FA cuando el virus está presente escasamente.

La demostración de anticuerpos específicos contra algún tipo o subtipo del virus aftoso, especialmente cuando no hay una historia de vacunación, se realiza mediante la clásica prueba de seroneutralización en cultivos celulares. Un aumento de cuatro diluciones en el título seroneutralizante indica seroconversión para el virus aftoso. El alza diagnóstica debe ser confirmada por la prueba del antígeno VIA (Virus infection associated) que es una prueba de inmunodifusión o precipitación en gel de agar que utiliza como antígeno la ARN polimerasa del virus aftoso. Una reacción positiva indica replicación específica del virus aftoso determinada por la presencia de anticuerpos contra la polimerasa.

La  prueba ELISA de bloqueo en fase líquida, la que además de ser específica y cuantitativa tiene la ventaja de ser más rápida, menos variable, no depender del cultivo celular y entregar muy pocos resultados falsos positivos.

El diagnóstico diferencial de la FA y otras enfermedades vesiculares del bovino puede realizarse en base a la enfermedad natural que se presenta en diferentes especies susceptibles. El cuadro clínico es indistinguible entre estas enfermedades vesiculares que afectan fundamentalmente al bovino y porcino. La FA afecta solamente a los biungulados mientras que la estomatitis vesicular,  causada por un rhabdovirus,  a muchos vertebrados incluyendo al hombre. El exantema vesicular, causado por un calicivirus,  y la enfermedad vesicular, causada por un enterovirus,  sólo afectan al cerdo.

Vacunas y vacunación.  Las primeras vacunas que se utilizaron para prevenir la FA se preparaban utilizando epitelio de la mucosa bucal de bovinos infectados por inoculación intradermolingual. El proceso se realizaba en los mataderos con el consiguiente riesgo de difusión del virus. Estas vacunas se inactivaban con formalina. La preparación de vacunas antiaftosa utilizando virus replicado en cultivos celulares e inactivados con acetil etilenimina binaria (AEI) permitió evitar la persistencia de virus infeccioso en el producto vacunal y por lo tanto la difusión del virus aftoso.

Las vacunas antiaftosa no han sido eficaces al ser aplicadas en el cerdo. Actualmente se experimenta con vacunas recombinantes y vacunas que utilizan coadyuvantes oleosos (Rodriguez y Grubman, 2009).  La proteína 1 del virus aftoso, VPI GH Loop, es inmunodominante y es considerada como esencial para inducir una respuesta inmune protectiva; el antígeno 146s contiene un heterólogo del loop GH que ha demostrado inducir una protección completa en cerdos.

Una nueva vacuna sintética  capaz de combatir la FA que sería más segura y más resistente que las existentes hasta ahora fue anunciada por científicos británicos encargados de su desarrollo.  Los investigadores afirman que es posible generar una vacuna totalmente sintética gracias al análisis de las partículas atómicas del virus, realizado en el acelerador de partículas británico instalado cerca de Oxford.

En América del Sur se vacuna en dos ciclos, uno en mayo-junio y el otro en noviembre-diciembre. En Chile, por ser  un país libre de FA, no se debe vacunar contra esta enfermedad.

Aspectos epidemiológicos de la fiebre aftosa

Fiebre aftosa: país libre. El Código Sanitario Internacional de la Oficina Internacional de Epizootias (OIE) (Quinta edición) considera que un país que no realiza programa de vacunación sistemática obligatoria, está libre de fiebre aftosa, cuando se puede establecer que la enfermedad no se ha constatado en ese país desde hace por lo menos 3 años. El plazo será de 2 años tras la desaparición del último caso para aquellos países de los que se sabe que practican medidas sanitarias efectivas y han emprendido un programa de vacunación sistemática obligatoria. El plazo será de seis meses después de la desaparición del último caso para aquellos países que practican el sacrificio sanitario, asociado o no con la vacunación sistemática.

Fiebre aftosa: zona infectada. Se puede considerar que una zona infectada de fiebre aftosa está liberada de la enfermedad cuando han transcurrido por lo menos 30 días después del sacrificio sanitario junto a desinfección sin que se haya registrado ningún nuevo caso de la enfermedad, o seis meses después de la enfermedad clínica o de la muerte del último animal infectado.

Fiebre aftosa: zona libre. Además de lo indicado para país libre, una zona puede considerarse libre si está delimitada por barreras naturales o por cercas, debiéndose controlar las vías de acceso y vigilar sus límites constantemente para impedir los movimientos clandestinos de animales. La zona libre debe ser lo suficientemente amplia para permitir el abastecimiento exclusivo del matadero de la zona. La introducción de forraje y paja debe quedar supeditada a la certificación que indique que proceden de regiones en que no exista FA.

En el supuesto de que aparezca la FA en la zona se debe establecer una zona tampón en un radio de 50 km en torno al foco de infección, de la cual no podrán salir los animales a no ser que vayan al matadero. En dicha zona quedará prohibida la introducción de cualquier animal. Además se dispondrá la inmediata interrupción de las exportaciones de carnes y la notificación del foco a los países importadores y a la OIE. Se deberá tipificar la cepa de virus por un laboratorio nacional o regional. Si es obligatoria la vacunación antiaftosa debe efectuarse con vacuna inactivada antes de la entrada de los animales a la zona libre; en todos los animales por lo menos una vez al año, y en anillo, en un radio de por lo menos 15 km en torno al foco.

Fiebre aftosa: zona de cuarentena. Una zona de cuarentena debe cumplir con las siguientes condiciones: debe estar ubicada dentro de la zona libre y delimitada por una cerca que impida la penetración de animales domésticos y de caza menor. Debe estar exenta de animales salvajes sensibles a la FA. La entrada de animales estará supeditada a su aislamiento durante 15 días como mínimo.

Repercusiones de la fiebre aftosa en el comercio internacional de carne de vacuno

La FA no afecta a los seres humanos, pero es la enfermedad de los mamíferos más contagiosa que existe actualmente y puede ser muy peligrosa por su facilidad de propagación y el enorme daño que provoca a los animales afectados y su posibilidad de transmisión por medio del comercio de carne. Por esta razón, es el tema que más preocupa en relación con el comercio internacional de carne bovina. Gracias a un intenso esfuerzo de cooperación entre los sectores de salud y agricultura, se han conseguido significativos avances en el control y la erradicación de la enfermedad en varios países, casi todos de gran desarrollo económico, mientras en América del Sur no se ha logrado adelantos similares. Según indica la Secretaría de la OMC, la fiebre aftosa  junto con la EEB (“mal de las vacas locas”), encabezan la lista de temas vinculados a la sanidad animal que despiertan mayor preocupación.

Las repercusiones comerciales de la fiebre aftosa consisten en la disminución de la productividad de la ganadería (carne, leche y sus derivados), las restricciones sanitarias a las exportaciones y el aumento del costo de producción, consecuencia del alza de los gastos que supone el cumplimiento de las normas sanitarias internacionales y las disposiciones de los programas públicos de control y erradicación. Además de las muertes que provoca y el necesario sacrificio de ganado, produce abortos, pérdida de capacidad reproductiva del ganado, problemas de gestación y aumento de enfermedades secundarias como la mastitis; asimismo, se traduce en una mayor vulnerabilidad del ganado a otras infecciones.  Según FAO (2004) por los brotes de fiebre aftosa, en la provincia china de Taiwán (1997) se sacrificaron 4.030.000 de animales y en el Reino Unido (2001), 6.240.000.

A lo anterior, se unen los efectos económicos indirectos relacionados con el turismo. Efectivamente, el brote de FA registrado en el Reino Unido en 2001 provocó una gran restricción del turismo y las actividades recreativas, debido a las restricciones al acceso a las zonas rurales, evaluados en 4.900 millones de dólares, suma que representa más de la mitad del costo total de la enfermedad (DEFRA, 2005). Estos brotes de fiebre aftosa tuvieron efectos inmediatos sobre el comercio mundial de carne y bovinos, que sufrió una disminución del 4%. Las pérdidas comerciales de Uruguay y Argentina, países que también fueron afectados en este período, se estiman en 178 y 440 millones de dólares, respectivamente. Los brotes de EEB en la Unión Europea, así como los de fiebre aftosa en Argentina, República de Corea, Reino Unido y Uruguay, provocaron una desaceleración del comercio mundial de carne en 2000 y 2001, acompañada de una reorientación de las tendencias del consumo de los diferentes tipos de carne, que se tradujo en un alza del precio de todas con excepción de la de vacuno. Además, hubo desvíos del flujo de comercio internacional, situación semejante a la que registró el comercio avícola mundial con la propagación de la gripe aviar. El brote de  FA que se produjo en Corea en 2000 comprometió su comercio con Japón, cifrado en 300 millones de dólares, lo que permitió a otros grandes exportadores acrecentar su cuota en el mercado japonés.

En síntesis, los efectos comerciales a corto plazo de los brotes de la fiebre aftosa ocurridos entre  2000 y 2001 en los principales países exportadores fueron los siguientes: reducción de la disponibilidad de carne libre de fiebre aftosa en los mercados internacionales; un descenso de casi el 3% del comercio mundial de carne de bovino y el consiguiente aumento del 3,5% de los precios mundiales; y el alza de los precios de otras carnes, como las de cerdo, ave y cordero o carnero, que pasaron a ser utilizadas como sustitutos (FAO, 2004).

Situación de la fiebre aftosa en Chile

El primer diagnóstico de laboratorio de FA en nuestro país se realizó en Chillán en 1942.

En Chile, en la década de los 60, se practicaba la vacunación antiaftosa, voluntaria, utilizando vacunas preparadas en laboratorios nacionales mediante el método Waldmann. La mayor cantidad de brotes de detectó en 1964, 1968 y 1969. La denuncia de la FA era obligatoria. En 1968 se intentaba controlar la FA vacunando sistemáticamente el ganado bovino nacional de Sur a Norte (Goic, 1989). El diagnóstico de la FA y el control de las vacunas se realizaban  en el Instituto Bacteriológico. Los tipos virales actuantes eran O y C, y ocasionalmente el tipo A. Las vacunas inactivadas con formalina frecuentemente contenían virus residual infeccioso lo que implicaba la presencia constante de brotes de FA en el territorio nacional. En dicha época se intentó utilizar vacunas preparadas con virus vivo modificado. Para su control se instaló un centro en Frutillar, empleándose animales vírgenes de FA provenientes de Magallanes, zona considerada en aquel entonces como libre de FA. Este proyectó no se concretó debido a problemas políticos y económicos. Cabe señalar que en 1970 se produjo un brote de FA en Magallanes.

Programa de control y erradicación de la fiebre aftosa. En 1969 se inició un serio intento de terminar con la FA contándose para ello con financiamiento aportado por el gobierno de Chile (56,3%), ganaderos nacionales (40%) y Banco Interamericano de desarrollo (3,7%). Este programa dividió al país en tres áreas de riesgo epidemiológico:

1.- Área de brotes esporádicos: Tarapacá, Atacama, y Chiloé continental.
2.- Área endémica: Coquimbo a Chiloé insular.
3.- Área libre: Magallanes y Coyhaique.

Las principales actividades desarrolladas por el SAG, organismo a cargo del programa fueron: legislación adecuada, censo pecuario, educación sanitaria, control de brotes, vacunación, vigilancia epidemiológica y asesoría de organismos internacionales.

En 1971 empezó a disminuir el número de brotes, hasta llegar a cero en 1975 y 1979. En enero de 1981 el país es declarado libre de fiebre aftosa sin vacunación. EE. UU.,  lo reconoció en 1982. Esta situación se mantuvo hasta febrero de 1984 cuando se produjo un brote de FA en la VII Región, Trapa-Trapa, el que fue controlado aplicando el sacrificio sanitario tanto a los animales enfermos como a los contactos. Nuevamente Chile fue reconocido como país libre de FA en enero de 1987 por EE. UU., lo que permitió exportar animales y productos pecuarios desde Chile a los países no aftósicos. En marzo de 1987 se presentó un nuevo brote de FA en la VII Región que se diseminó en múltiples focos desde la I a la X Región debido a la salida de animales de la zona afectada y su comercialización en otras zonas del país. Los lugares más afectados pertenecían a la provincia de Linares. En mayo del mismo año apareció un brote en Los Niches en Curicó y otro en San José de la Mariquina, X Región. En ambos brotes la causa de esta reemergencia de la FA fue el contrabando de animales desde Argentina. El control se realizó con éxito mediante el sistema de cuarentena y sacrificio (Urcelay, 1987).

El programa de control y erradicación de la FA instaurado en Chile produjo un beneficio neto de aproximadamente US$ 60.000.000. Entre los beneficios calculados se consideran las posibilidades de exportación de vientres, carnes, y otros, con un precio especial por provenir de un país libre de fiebre aftosa (Urcelay, 1987).

La base técnica del diagnóstico de la FA, pilar de su control en Chile, estuvo en la sección Fiebre Aftosa del Departamento de Microbiología Veterinaria del Instituto Bacteriológico, actualmente Instituto de Salud Pública (Flores, 2001).

Control de la fiebre aftosa en países de la Región Andina de Sudamérica

La actual carga global de infección por virus de fiebre aftosa se mantiene por tres  reservorios continentales en Asia, África y Sudamérica, los cuales se pueden subdividir en siete “pooles”  de serotipos del virus aftoso. Los virus O y A de origen europeo,  que conforman el pool 7, están actualmente confinados en dos países de Sudamérica.

La Senda para el Control Progresivo de Fiebre Aftosa (CP-FA) es un enfoque que ha sido  elaborado por un equipo de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la  Alimentación (FAO) cuyo objetivo es clasificar el progreso de un país respecto del control  de los riesgos de la FA. El enfoque CP-FA ha sido desarrollado por FAO para reducir progresivamente el impacto y la circulación del virus de la FA, mediante la asistencia técnica a los  países de la Región Andina de Sudamérica donde la enfermedad todavía es endémica (Rivera, 2011).

Situación de la fiebre aftosa en América del Sur (OIE, 2014)

País libre de FA sin vacunación: Chile
País libre de FA con vacunación: Uruguay
Zona libre de FA sin vacunación: Argentina, Bolivia, Brasil y Perú
Zona libre de FA con vacunación: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Paraguay y Perú

En Ecuador actúa el serotipo O y en Venezuela los serotipos A y O. El serotipo C se presentó por última vez en Brasil 2004 (Schudel, 2014).

Fiebre aftosa en África, Oriente Medio y Asia

La FA es endémica en zonas de África, Oriente Medio  y Asia.  En los últimos años, la FA ha experimentado una propagación sin precedentes en China, alcanzando por primera vez regiones orientales de Rusia y Mongolia.  En julio del 2014, Corea del Sur confirmó un brote de FA, causado por el tipo O del virus aftoso,  en una granja de cerdos ubicada en el sureste del país, siendo esta aparición la primera vez en más de tres años de la enfermedad. El nuevo brote de FA se produjo sólo dos meses después de que Corea del Sur adquiriera el estatus de país libre de esta enfermedad después de más de tres años sin detectar un solo caso. Corea del Sur informó a la OIE, sobre la ocurrencia de decenas de nuevos brotes de la FA en el país. En total se han contabilizado 41 nuevos brotes de la FA  en cerdos. Los nuevos casos se han producido en la mitad norte del país. En total, se registraron 26.667 casos y 31.256 animales han sido sacrificados y su carcasas destruidas. El serotipo O del virus aftoso fue identificado en todas las muestras (OIE, 2015).

La lista de los países miembros libres de  fiebre aftosa se encuentran en la resolución Nº 15, Sesión General  85 de mayo de 2014:  como países libre de fiebre aftosa sin vacunación, libres de fiebre aftosa con vacunación, y zonas libres de fiebre aftosa sin y con vacunación (OIE, 2014).

Referencias bibliográficas

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miércoles, 9 de septiembre de 2015

ABORTO ENZOÓTICO DE PEQUEÑOS RUMIANTES Jesús Salinas et al 2014

El aborto enzoótico de los pequeños rumiantes

Es una zoonosis profesional que puede ocasionar abortos y septicemias en mujeres embarazadas

 
 
El aborto enzoótico de los pequeños rumiantes
Esta enfermedad, causada por Chlamydia abortus, está ampliamente distribuida y es responsable de numerosas pérdidas económicas por abortos al final de la gestación. Además, está catalogada como zoonosis profesional y puede afectar a mujeres embarazadas.
Jesús Salinas, Daniel Álvarez, Nieves Ortega, Antonio J. Buendía, Laura Del Río, María Carmen Gallego, Joaquín Sánchez, José A. Navarro, Francisco Cuello y María Rosa CaroGrupo de Investigación en clamidiosis animales
Facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia
I
El aborto enzoótico de los pequeños rumiantes o aborto enzoótico ovino (AEO), es una enfermedad de distribución mundial, y es la principal causa de aborto infeccioso en pequeños rumiantes en numerosos países como Reino Unido, Francia, Holanda e Italia, y también en diversas regiones de España en las que se ha estudiado. El agente etiológico responsable de esta patología es Chlamydia abortus, una bacteria gramnegativa intracelular obligada (figura 1) que ha recibido otras denominaciones en los últimos 20 años (Chlamydia psittaci serotipo 1 o, más recientemente, Chlamydophilaabortus). Además del alcance económico que implica el AEO, merece especial atención por tratarse de una zoonosis profesional que puede ocasionar abortos y septicemias en mujeres embarazadas en contacto con rebaños infectados

Figura 1. Detección de C. abortus mediante una tinción de Stamp (izquierda), una tinción de Giemsa (centro) o una inmunofluorescencia (derecha).
Transmisión

Las clamidias se eliminan principalmente en las secreciones vaginales de animales infectados en los momentos previos y posteriores al aborto y en las placentas y fluidos de los fetos abortados. Una vez en el medio ambiente, el microorganismo puede permanecer viable durante varios días.
El contagio suele producirse por vía oral mediante la ingestión de bacterias presentes en el agua o comida contaminadas, o mediante el lamido e ingesta de restos placentarios. Otra vía de infección es la aerógena, a través de la inhalación de aerosoles presentes en ambientes contaminados. Existen otras vías de transmisión posibles pero menos significativas como son la venérea, la orofecal y a través de la secreción láctea en el caso del ganado caprino.

Patogenia y manifestaciones clínicas

Tras la infección por vía oronasal, el microorganismo se establece en los órganos linfoides faríngeos donde, tras un periodo de multiplicación, se establece un estado de latencia, que puede durar más o menos tiempo en función del momento en que los animales queden gestantes. A mediados de la gestación, las clamidias se diseminan vía hemolinfática hasta alcanzar la placenta, desencadenando el aborto, 2-3 semanas antes de la fecha estimada de parto, o un parto a término de corderos muertos o muy débiles que mueren pocos días después (figura 2). Las ovejas raramente presentan sintomatología clínica antes del aborto y vuelven a ser fértiles tras el mismo; por el contrario, en la especie caprina resultan frecuentes las retenciones placentarias, endometritis y vaginitis.
Figura 2. Feto (izquierda) y placenta (derecha) procedentes de un aborto por C. abortus en una explotación de ovejas.
Los cambios patológicos en la placenta se hacen evidentes a partir de los 90 días de gestación. Durante las etapas finales (de los días 125 a 140 de gestación), la placenta se encuentra masivamente infectada por C. abortus y las alteraciones de la unión fetoplacentaria pueden llegar a provocar el aborto (figura 3).

Figura 3. Tinción inmunocitoquímica de una infección clamidial en placenta.
La infección induce una respuesta inmunitaria que protege a las hembras infectadas de abortos sucesivos, aunque sigan excretando C. abortus ocasionalmente durante los partos y los estros en los años posteriores, favoreciendo de esta manera el mantenimiento y la diseminación de la enfermedad en el rebaño afectado.
En lo que respecta a ovejas no gestantes, C. abortus es capaz de producir una infección latente, que no estimula una inmunidad protectora, con la consiguiente reactivación y multiplicación del microorganismo durante la siguiente gestación.
Algunas ovejas infectadas llegan a parir corderos vivos débiles. En los neonatos infectados se han descrito lesiones como neumonía (figura 4), encefalitis, hepatitis e incluso miocarditis. Esto puede deberse a la inmadurez del sistema inmunitario de estos animales, que sería incapaz de prevenir la diseminación del patógeno hacia varios territorios orgánicos.

Figura 4. Pulmón de un cordero afectado por una bronconeumonía clamidial.

Diagnóstico

Los signos clínicos que evidencia un rebaño afectado por C. abortus no son suficientes para llegar a un diagnóstico certero de la enfermedad. Algunos datos epidemiológicos, como la persistencia de la infección en el rebaño y la afectación mayoritaria de primíparas con abortos tardíos, nacidos débiles o mortinatos pueden hacer que el veterinario incluya el AEO como primer diagnóstico diferencial. Sin embargo, existen otras enfermedades abortivas en los pequeños rumiantes que pueden cursar con cuadros similares, como la toxoplasmosis, la brucelosis o la fiebre Q, por lo que la única forma de emitir un diagnóstico certero implica la confirmación del laboratorio.
Las técnicas laboratoriales que se pueden emplear para el diagnóstico de C. abortus pueden clasificarse en directas e indirectas (figura 5). Las primeras persiguen la identificación de C. abortus en las muestras recibidas (bacterioscopía mediante tinción de Stamp, técnicas inmunocitoquímicas, aislamiento o PCR), mientras que las segundas detectan anticuerpos generados por los hospedadores tras la infección (ELISA o RFC).

Figura 5. Representación esquemática delos métodos directos eindirectos utilizados en el diagnóstico laboratorial del AEO en función delas muestras remitidas al laboratorio.

Prevención y control

En la prevención y control de las clamidiosis abortivas en pequeños rumiantes se establecen tres tipos de medidas:

Manejo

El objetivo de estas medidas sería evitar la introducción de animales infectados en rebaños libres de la enfermedad manteniendo a estos últimos en sistema cerrado o incorporando animales de reposición procedentes de granjas libres de C. abortus. Si el patógeno ya está en el rebaño, se debe aislar inmediatamente a las ovejas que aborten, retirar los restos del aborto y limpiar y desinfectar la paridera para limitar en la medida de lo posible la diseminación de la enfermedad. Estas medidas son de difícil aplicación debido a la presencia de portadores asintomáticos y a la imposibilidad de distinguir animales vacunados de infectados mediante diagnóstico serológico convencional.

Tratamiento con antibióticos

Las tetraciclinas se usan en rebaños de ovejas gestantes infectadas para reducir la incidencia de abortos y muertes perinatales. Sin embargo, el uso de antibióticos no garantiza evitar el aborto ni la eliminación de patógenos al ambiente durante el parto. Esto, unido a las preocupaciones típicas del uso de antibióticos como la aparición de resistencias y la seguridad alimentaria, hace que el tratamiento con estos fármacos no deba ser rutinario para controlar la infección, sino que se debe reservar para casos excepcionales.

Vacunación

Como ya se ha mencionado, tras una primoinfección por C. abortus, los animales generan una respuesta inmunitaria de memoria eficaz para no volver a sufrir problemas reproductivos en posteriores contactos con el mismo agente infeccioso, de ahí que la vacunación sea la medida más efectiva para el control y prevención de esta enfermedad.
En la actualidad existen dos tipos de vacunas disponibles comercialmente, las inactivadas y las vivas atenuadas. Las vacunas inactivadas fueron las primeras en utilizarse poco después del descubrimiento de la enfermedad, en la década de los 50. El principal problema que plantea su uso es que, aunque disminuyen significativamente el número de abortos, no impiden la excreción de clamidias en el momento del parto, lo que favorece la persistencia de la infección de forma enzoótica en el rebaño vacunado. La vacuna atenuada es una cepa mutante termosensible del microorganismo, es decir, crece como una cepa normal a 37 ºC, pero a 39 ºC (temperatura corporal normal de las ovejas), su crecimiento es muy limitado. Esta vacuna ha demostrado ser muy efectiva en condiciones de campo, evitando el aborto y la excreción de clamidias. Sin embargo, a pesar de estos buenos resultados, la naturaleza “viva” de una vacuna siempre implica riesgos y limitaciones en su uso, más aún en el caso de C. abortus, que puede causar una grave zoonosis en mujeres embarazadas. Además, esta vacuna no puede administrarse a animales gestantes o a animales tratados con antibióticos, lo que restringe aún más su uso. Existe también el riesgo de que las cepas atenuadas reviertan a ser virulentas y causen enfermedad y aborto en animales vacunados. Estudios recientes han demostrado la conexión entre esta vacuna y la aparición de casos de AEO.
Una forma de evitar los inconvenientes de las vacunas descritas sería el desarrollo de una vacuna subcelular que contenga aquellas moléculas clamidiales que intervengan específicamente en la inducción de una respuesta inmunitaria efectiva. La principal proteína candidata es la MOMP, que induce protección administrada en su forma oligomérica nativa. Sin embargo, la purificación de esta proteína a partir de cultivos es una técnica demasiado costosa para la elaboración y comercialización de este tipo de vacunas para el ganado.
Otro aspecto a considerar son los adyuvantes, sustancias químicas o componentes microbianos capaces de potenciar la respuesta inmunitaria generada por los antígenos vacunales a los que se asocian. Así, la elección del adyuvante en la elaboración de vacunas es de vital importancia ya que son capaces de polarizar la respuesta inmuniataria hacia un tipo específico de inmunidad y hacer que al final la vacuna sea eficaz o no. Empleando modelos experimentales murinos y ovinos de infección y de validación de vacunas frente a C. abortus, se han ensayado y seleccionado adyuvantes que mejoran sustancialmente la protección ofrecida por diversas vacunas inactivadas comercializadas en varios países europeos, incluida España.

Perspectivas
El aborto enzoótico de los pequeños rumiantes, causado por Chlamydia abortus, es una enfermedad ampliamente distribuida, responsable de numerosas pérdidas económicas por producir abortos al final de la gestación. Además, está catalogada como zoonosis profesional, pudiendo afectar especialmente a mujeres embarazadas.
Dada la inespecificidad de sus síntomas, se hace necesario el diagnóstico laboratorial de esta enfermedad en el rebaño. La prevención y el control pasan por el empleo de vacunas, y actualmente existen dos modalidades, las inactivadas y las atenuadas con diferentes ventajas e inconvenientes. Las investigaciones actuales se centran en el desarrollo de nuevas vacunas inactivadas asociadas con adyuvantes que potencien una respuesta inmunitaria eficaz y segura.

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OIE: ERRADICACIÓN DE LA PESTE DE LOS PEQUEÑOS RUMIANTES. Joaquín Ventura G. 2015

La OIE se fija un plazo de 15 años para erradicar la peste de los pequeños rumiantes en todo el mundo

Sería la segunda enfermedad animal eliminada por el hombre tras la peste bovina

La Organización Internacional de Sanidad Animal (OIE) se ha fijado un plazo de 15 años para conseguir la erradicación de la peste de los pequeños rumiantes (PPR), según explica un comunicado de la entidad supranacional firmado por su presidente, Bernard Vallat. Si se consigue el objetivo será todo un logro, ya que el plazo corresponde a la mitad del tiempo que fue necesario para la erradicación de la peste bovina.

La PPR se ha extendido a un ritmo alarmante durante los últimos 15 años, llegando a regiones que anteriormente no habían sido afectadas por la enfermedad. Identificada por primera vez en Costa de Marfil en 1942, está presente en la actualidad en cerca de 70 países de África, Oriente Medio y Asia, en los cuales se concentra más del 80 por ciento de la población mundial de ovejas y cabras.

La enfermedad es muy contagiosa. Una vez introducido, el virus puede infectar hasta el 90 % de un rebaño y la enfermedad puede matar entre el 30 y el 70 % de los animales infectados. Las pérdidas económicas que genera afectan a las poblaciones rurales vulnerables, arruinando la producción animal nacional y regional.

“Si no se implementa ningún plan de acción, la PPR podría extenderse aún más, acentuando unas pérdidas socioeconómicas que son devastadoras y el sufrimiento de millones de agricultores pobres, la mayoría de los cuales son mujeres, quienes dependen de las ovejas y las cabras para su sustento”, explica Vallat en su comunicado.

OIE y FAO trabajarán juntas para erradicar la peste de los pequeños rumiantes

Debido a la situación, que podría calificarse como de emergencia veterinaria (incluso humanitaria, debido a la vulnerabilidad de las comunidades en las que se da más habitualmente esta enfermedad del ganado), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han desarrollado una estrategia mundial para el control y la erradicación de la peste de los pequeños rumiantes en el marco del Grupo de Trabajo FAO/OIE GF-TADs (Marco Global para el Control Progresivo de las Enfermedades Transfronterizas de los Animales).

Para cumplir el objetivo de control mundial y erradicar la enfermedad en un plazo de quince años es necesario contar con los fondos suficientes y con el compromiso político sólido de todos los gobiernos. El presidente de la OIE se muestra moderadamente optimista: “Las lecciones aprendidas son valiosas y nos enseñan el camino del éxito”. Vallat se refiere a la estrategia que se siguió para erradicar la peste bovina, cuyo modelo ha permitido desarrollar un método progresivo y por etapas para el control y la erradicación de la peste de los pequeños rumiantes.

Hay que tener en cuenta que el programa de control y erradicación de la peste de los pequeños rumiantes es una combinación de tres componentes interrelacionados: control y erradicación de la peste de los pequeños rumiantes en sentido estricto, refuerzo de los servicios veterinarios y prevención y control simultáneo de otras enfermedades importantes de ovejas y cabras.

Las inversiones necesarias durante los próximos 15 años serán considerables, aunque todavía no hay una estimación precisa, pero según la OIE merecerá la pena ya que la erradicación de la PPR “tendrá un impacto significativo en la producción de alimentos, la nutrición, los ingresos y la capacidad de recuperación de los medios de subsistencia de más de 330 millones de agricultores pobres en todo el mundo mediante la mejora de la productividad y la rentabilidad de sus granjas”.

Vallat recuerda además que en un contexto globalizado, donde los intercambios comerciales entre zonas muy distantes facilitan la propagación a gran escala de los patógenos, el control de enfermedades transfronterizas como la PPR resulta del máximo interés tanto para los países donde hay casos como para los que todavía se mantienen indemnes.

miércoles, 22 de julio de 2015

GENERALIDADES SOBRE INMUNIDAD Y VACUNAS EN PORCINOS (II). F. Fariñas G. 2015



Generalidades sobre inmunidad y vacunas en porcino (II)
Respuesta inmune competente y fallos vacunales

La respuesta inmunitaria dependiente del desafío vacunal, es individual y puede comportar tanto respuestas eficaces no lesivas, como otras pato­lógicas (reacciones adversas) que por suerte son infrecuentes. Conocer estos intrincados mecanismos de respuesta inmunitaria e inmunopa­tológica es esencial para el desarrollo de nuevas vacunas y mejores protocolos de inmunización.

Fernando Fariñas Guerrero
Suis nº 119, julio/agosto 2015. 

Incluso cuando se ha llevado a cabo la vacunación correcta de los animales, la probabilidad de establecer una protección eficaz nunca es del 100 %. Esta proporción va a depender de muchos factores, alguno de los cuales implican al animal en sí y otros van a estar asociados a la vacuna, bien sea a su composición (antígenos que incorpora, adyuvantes, etc.) o al mal uso de la misma (no respetar las instrucciones de administración o conservación impuestas por el fabricante, etc.).

Factores que determinan fallos de inmunización
Todos los factores que conllevan un mal resultado en la vacunación y que a veces implican que sea peor el remedio que la enfermedad son los denominados fallos vacunales o fallos de inmunización. Entre los factores dependientes del animal que determinan una mayor o menor eficacia de inmunización, encontramos los siguientes:
Genética
Hoy sabemos que existen animales y razas que son genéticamente más resistentes que otros a distintas enfermedades. Incluso, podemos afirmar que dentro de una misma raza existirán animales con un “bagaje genético” de mayor resistencia a enfermedades y a esto pueden deberse las diferencias observadas en cuanto a protección vacunal de unos y otros.

Edad
Desde el punto de vista inmunológico sabemos que los animales presentan unas capacidades defensivas que varían a lo largo de su desarrollo. Así los animales recién nacidos y jóvenes al presentar un sistema inmunitario inmaduro están predispuestos a que estos fallos vacunales sean más frecuentes. Esto mismo ocurre en los animales viejos, ya que el sistema defensivo de estos ha entrado en una fase conocida como “inmunosenescencia” o envejecimiento inmunológico, lo cual evidentemente le convierte en un fiel candidato a la “no respuesta” o “baja respuesta” vacunal.
En los animales recién nacidos la inmunidad depende directamente de aquella que le proporciona la madre vía calostral. Este sistema de “donación” de anticuerpos y células inmunológicas se da durante un periodo muy corto, de tal forma que transcurrido este, la traslocación de anticuerpos finaliza. Sabemos que un porcentaje significativo de los animales recién nacidos no reciben niveles adecuados de anticuerpos, resultando esto en una alta frecuencia de morbimortalidad neonatal. La razón de los fallos en esta traslocación se deben principalmente a:
  • Condiciones no naturales del parto y lactación.
  • Nacimiento de animales débiles o deformes.
  • Retraso en el inicio de la lactancia.
  • Muerte de la madre.
  • Escasa producción de calostro.
  • Baja concentración de anticuerpos en calostro.
  • Escaso instinto maternal.
  • Camadas numerosas.
  • Amedrentamiento de animales débiles por los fuertes.
Queda claro que el sistema inmunitario del lechón recién nacido no responde de la misma forma que el de un adulto, ya que aquel muestra un perfil de respuesta prácticamente de tipo Th2 (inmunidad humoral), con pobres o deficientes respuestas de tipo Th1 (inmunidad celular).

Interferencia vacunal por anticuerpos maternos
Cuando en un animal se encuentran presentes anticuerpos maternales transferidos vía calostro, las propiedades antigénicas de la vacuna pueden verse neutralizadas y no se desarrolla una respuesta adecuada frente a ella.
Como en cualquier otra especie doméstica, se asume que el lechón recién nacido tiene todos los componentes anatómicos de un sistema inmunitario inmaduro funcionalmente, que se encuentra todavía bajo la influencia regulatoria del sistema inmunitario materno.
La ingestión de estas inmunoglobulinas maternas es un arma de doble filo porque por una parte es un proceso vital para el recién nacido, ya que algún fallo en este mecanismo lo hace susceptible de infecciones neonatales a menudo mortales, y por otro lado, la presencia de altas concentraciones de inmunoglobulinas maternas inhibe el desarrollo de la respuesta inmunitaria propia del animal. Esta inmunidad no se empieza a establecer hasta que la concentración de anticuerpos maternos ha descendido lo suficiente (figura 1). Dicha interferencia ocurre por dos mecanismos distintos: neutralización del antígeno por parte de los anticuerpos maternos y bloqueo de los linfocitos B del neonato por estos mismos anticuerpos maternos (figura 2). Además se ha sugerido que la tasa de crecimiento del recién nacido contribuye a la velocidad de degradación de los anticuerpos maternos, siendo las razas de crecimiento más rápido las que más rápidamente eliminan estas inmunoglobulinas.
Todo esto es muy importante a la hora de establecer un programa vacunal. Está claro que no todas las vacunas existentes funcionan por igual, ni son capaces de “superar” esa interferencia materna. Actualmente existen en el mercado nuevas vacunas que tienen la capacidad de estimular la inmunidad del recién nacido incluso en presencia de anticuerpos maternos, superando el umbral de interferencia establecido por estas (vacunas de alta carga antigénica).
Nutrición
Existe una íntima relación entre la capacidad inmunológica de un animal y su estado nutricional, de tal forma que una nutrición tanto deficiente como excesiva pueden dar lugar a un proceso de inmunodeficiencia nutricional en el animal y un consecuente estado de “no respuesta” o mala respuesta a la vacuna. Por ejemplo, se sabe que ciertas deficiencias nutricionales en hembras preñadas (como la deficiencia de cinc), conlleva que la descendencia padezca una importante inmunodepresión (inmunodeficiencia).
Enfermedades concurrentes
Ciertas enfermedades, si están presentes en el momento de la vacunación, pueden predisponer a un estado de hiporrespuesta vacunal. Esto es particularmente cierto para diversas patologías:
  • Enfermedades parasitarias.
  • Inmunodeficiencias secundarias o adquiridas. Estas inmunodeficiencias pueden estar asociadas a infecciones (PRRS, circovirus, etc.) o como consecuencia de nefropatías, metabolopatías, desarreglos nutricionales, farmacoterapia o estrés.
Estrés
El estrés puede ser inducido en el animal de múltiples formas como son nutrición pobre, transportes, maltrato, etc. Este puede sobreactivar el llamado eje hipotalámico-hipofisario-adrenal con la consiguiente producción de altos niveles de adrenalina y cortisol endógenos, hormonas con un conocido efecto inmunosupresor. Desde este punto de vista, es evidente que animales estresados pueden ser malos respondedores a las vacunas, sobre todo aquellos sometidos a estrés crónico.
Farmacoterapia
La utilización de fármacos, como corticoides y ciertos antibióticos (principalmente sulfamidas), puede predisponer a estados de inmunodeficiencia, una de cuyas consecuencias es un incremento en la probabilidad de que se den estos fallos vacunales.
Son muchos los factores que pueden llegar a afectar la inmunidad de los animales, y a pesar de la gran cantidad de vacunas de alta calidad existentes en el mercado, todas ellas dependen de este sistema inmunitario para conseguir las respuestas de protección adecuadas y deseadas. Por lo tanto, a la hora de evaluar cualquier fallo de vacunación en granjas, sería conveniente y necesario establecer un protocolo de búsqueda de posibles fallos dependientes del estado inmunológico de los animales vacunados. Si seguimos estas recomendaciones, observaremos que en un gran número de casos no se han dado realmente “fallos vacunales” achacables a la vacuna, sino más bien “fallos de inmunización” achacables al “vacunado”.

Reacciones vacunales
Las ventajas de la vacunación están ampliamente documentadas, al contrario que el riesgo de efectos adversos que, en muchos casos, son hipotéticos y se sustentan en estudios no contrastados.
Dentro de las reacciones adversas a las vacunas se describen clásicamente tres:
  • Reacciones de toxicidad “normal”.
  • Reacciones de inmunosupresión transitoria.
  • Reacciones de hipersensibilidad inmunológica.
Toxicidad “normal”
Las vacunas pueden generar normalmente reacciones de tipo inflamatorio pasajeras y es bien sabido que se requiere un cierto grado de inflamación para inducir respuestas inmunitarias protectivas y eficaces.
Las reacciones más frecuentes son las tumefacciones o inflamación en el punto de inoculación, que suele aparecer al día siguiente de la vacunación y puede durar hasta una semana.
Otras reacciones tóxicas “normales” son la instauración de cuadros de fiebre, letargia y anorexia que responden a la activación de los mecanismos de inmunidad innata, con liberación de citoquinas (TNF-a, interleuquinas, etc.). Aunque estas reacciones son esperables tras una vacunación, minimizarlas puede ser deseable tanto para el veterinario como para el ganadero. Una medida de prevención prevacunación o de tratamiento posvacunación es el empleo de antiinflamatorios no esteroideos, aunque algunos trabajos muestran que la inhibición de la vía ciclooxigenasa-2 por parte del AINE podría atenuar o disminuir la respuesta de anticuerpos.
Inmunosupresión transitoria
Sorprendentemente existen evidencias de que ciertas vacunas pueden producir cuadros de inmunosupresión transitoria y, en algunos animales, esta puede generar problemas como la emergencia de una infección subclínica en el animal vacunado.
Hipersensibilidad inmunológica
Las vacunas pueden causar reacciones de hipersensibilidad de tipo I, II, III y IV que, aunque alguna de ellas infrecuentes, pueden ser realmente importantes. Por razones obvias y por su mayor frecuencia e importancia en porcino, nos ceñiremos exclusivamente a las reacciones de tipo I.

Hipersensiblidad de tipo I o alérgica

Se han propuesto varias proteínas diferentes como causa de reacciones alérgicas en las vacunas porcinas, aunque en casi todos estos estudios no se han medido concentraciones de IgE antígeno-específicas.
La mayoría de las vacunas son capaces de elicitar este tipo de reacciones y las vacunas bacterianas son las que mayor riesgo presentan. Todos los estudios realizados a este nivel señalan a los excipientes vacunales (suero fetal bovino, conservantes, antibióticos, caseína, colágeno tipo I, fibronectina, laminina y miosina porcina), como los alérgenos más frecuentemente involucrados.
Como bien sabemos, las reacciones alérgicas mediadas por IgE requieren de una primera fase de sensibilización clínicamente inaparente y una segunda fase efectora con provocación de cuadros que pueden ir desde reacciones urticariales a angioedemas (edema facial, periorbitario, laríngeo, de vías respiratorias altas, etc.), o incluso a reacciones realmente graves como la anafilaxia. En este caso el principal mediador en el cerdo es la histamina, que afecta fundamentalmente al tracto respiratorio (disnea) e intestino (diarreas), y se acompaña de otros signos como cianosis, prurito e hipotensión sistémica.
Todas estas reacciones (urticaria, angioedema y anafilaxia) pueden darse en el lechón en la primera vacunación o en revacunaciones (primera inoculación o posteriores). Las reacciones en primera vacunación se deben primordialmente al paso de IgE y de “factores alergénicos” ingeridos con el calostro que favorecen el desarrollo de respuestas Th2 en los lechones y que les “ahorran” esa primera fase de inducción, o bien y más raramente a reacciones de tipo anafilactoide. El término “anafilactoide” suele emplearse para describir una respuesta que clínicamente es idéntica a la anafilaxia, pero que no se debe a la presencia de anticuerpos IgE, sino más bien a la liberación de histamina por parte de los mastocitos de forma inespecífica, no mediada por estos anticuerpos. En el cerdo estas reacciones se describen raramente con el empleo de vacunas bacterianas. Las reacciones que ocurren en segundas o posteriores inoculaciones se deben fundamental y directamente al lechón, ya que este queda sensibilizado en la primera vacunación y desarrolla la fase efectora en las posteriores.
Por razones todavía no aclaradas, no todos los animales con hipersensibilidad alérgica demostrada en una vacunación, muestran reacciones en las siguientes vacunaciones.
Fraccionamiento vacunal como prevención de reacciones adversas
¡Nunca se aconseja el fraccionamiento de la dosis de vacunas que se administran! No es infrecuente que algunos veterinarios realicen esta práctica con objeto de evitar o prevenir reacciones adversas. La carga antigénica de las vacunas está basada en el concepto de dosis mínima inmunizante (DMI), es decir, que llevan la mínima cantidad de antígeno que pueda despertar una respuesta inmunitaria efectiva en el animal. Por consiguiente, la administración de una dosis fraccionada puede disminuir dicha carga antigénica a una dosis subóptima para el establecimiento de esta respuesta inmunitaria. Cierto es que este fraccionamiento puede prevenir o incluso evitar la posible reacción adversa, pero no lo es menos el hecho de que también incrementa la probabilidad de fallo de inmunización, con el consiguiente riesgo que se asume.
Por todo esto, no es aconsejable bajo ninguna circunstancia fraccionar la dosis de vacuna. Dicha reducción de los niveles de antígeno anula la garantía implícita del fabricante y desvía la responsabilidad hacia el veterinario ante un posible fallo en la protección. La responsabilidad relacionada con la vacunación incluye un número elevado de normas y estándares de cuidado específicos entre los que se encuentra el no fraccionar nunca la dosis vacunal.

Vacunación de animales enfermos
La regla número uno de la vacunación es no vacunar nunca a un animal enfermo. Sólo en casos excepcionales se pueden vacunar animales que presenten alguna enfermedad que curse con inmunodepresión, con objeto de prevenir en lo posible el desarrollo de determinadas enfermedades infecciosas. El riesgo de fallo de eficacia en estos animales se encuentra francamente incrementado en comparación con animales sanos.
Otro hecho importante es el grado de parasitación; las parasitosis en general pueden conllevar respuestas inadecuadas frente a determinadas vacunas (especialmente las atenuadas), y su grado de interferencia va a depender del grado y tipo de parásito involucrado. Si tenemos que vacunar forzosamente a animales en alguna de estas situaciones, no deberíamos usar vacunas vivas sino muertas, ya que con estas últimas seguro que obtendremos mejores resultados, aunque los factores citados siguen siendo críticos. Si elegimos vacunar a animales enfermos, siempre tendremos en mente que las posibilidades de fallo de eficacia van a ser muy altas. Es importante, a la hora de vacunar a estos animales con vacuna inactivada, establecer un protocolo que incluya múltiples dosis con objeto de incrementar las posibilidades de llegar a una buena inmunización; el no hacerlo o el administrar sólo una dosis incrementa igualmente el riesgo de fallo de inmunización.

Lecturas recomendadas
Tizard IR. Introducción a la Inmunología Veterinaria. 8ª Edición. Ed Elsevier Saunders 2009.
Day M, Schultz RD. Veterinary Immunology. Principles and Practice. Ed CRC Press. 2014
Gutiérrez Pabello J.A. Inmunología Verterinaria. Ed. Manual Moderno. 2010
Roth JA. Inmunología. Clinicas Veterinarias de Norteamérica. Práctica clínica en animales de producción. Editorial Intermédica. 2004
Fariñas Guerrero F. Guía de Inmunidad Respiratoria Porcina. Editado por Intervet-Schering Plough Animal Health. 2008
Sánchez-Vizcaíno JM. Curso de Introducción a la Inmunología Porcina. http://sanidadanimal.info/cursos/inmunologia3/index.htm 
Abbas AK et al. Cellular and Molecular Immunology. 8ª edición. Ed Elsevier Saunders. 2014
Pandey R et al. Veterinary Vaccines (Progress in Vaccinology). Ed Springer. 2011
Morrow JW et al. Vaccinology: principles and practice. Ed Wiley-Blackwell. 2012