sábado, 19 de mayo de 2018

2.  LOS VIRUS COMO ENTIDADES FÍSICAS

2. 1.  Tamaño de  los virus

Los virus son tan pequeños que pueden pasar a través de  filtros que normalmente retienen a las bacterias. Comparten esta característica con las clamydias  y mycoplasmas que presentan una fase filtrable.

El tamaño de los virus se ha establecido por procedimientos de ultrafiltración, ultracentrifugación y microscopía electrónica.  Esta característica física se expresa en nanómetros (nm) o milimicras (mμ), unidad que corresponde a 0,000.001 mm. El rango de tamaño de los virus se encuentra entre 25  y 300 nm. Los virus más pequeños son los picornavirus de la fiebre aftosa y de la poliomielitis humana, y los parvovirus que tienen un diámetro de aproximadamente 25 nm. Los virus más grandes corresponden a los virus  pox que causan las viruelas, con un tamaño aproximado de 300 nm. Los filovirus (virus Ebola) pueden alcanzar un largo cercano a los 300 nm.

Los mimivirus  “Acanthamoeba polyphaga mimivirus”  son los virus ADN más grandes con  alrededor de 400 nm de diámetro. Su cápside es de forma icosaédrica, el virión carece de envoltura y el genoma es ADN circular de cadena doble (ADNdh), de 1,2 Mb de longitud y tienen 1.260 genes. En 2010 se ha identificado un virus gigante marino que infecta a la “Cafeteria roenbergensis”, que tendría una gran relevancia ecológica. Estos virus “CroV” tienen un genoma que contiene aproximadamente unos 730.000 pares de bases lo que lo convierte en el virus marino más grande conocido lo que lo convierte en el virus marino más grande conocido. El virus, denominado CroV, posee numerosos genes que suelen utilizar las células vivas para reparar daños en el AND y para sintetizar proteínas y azúcares. El virus, denominado CroV, posee numerosos genes que suelen utilizar las células vivas para reparar daños en el AND y para sintetizar proteínas y azúcares.

El tamaño de las partes constitutivas de los virus se expresa en Angstroms (Aº),  medida que corresponde a una décima de nanómetro. En los virus con forma  de bala (rhabdovirus) el ancho de la partícula viral es de 500 Aº y el tamaño de las proyecciones de superficie  es de 100 Aº. El largo de estos virus es de 180 nm.



2. 2.  Morfología  viral


La morfología viral está dada por la disposición espacial de sus estructuras.  La forma de los virus se ha establecido mediante observación con el microscopio electrónico que es capaz de resolver partículas que se encuentren a una distancia de 0,001 μm. La técnica más usada es la tinción negativa con fosfotungstato de potasio. En cortes de tejido se utiliza la tinción con acetato de uranilo.

Los virus presentan diversas morfologías, pudiendo ser isométricos o esferoidales (virus aftoso), alargados o tubulares (virus mosaico del tabaco) o tener formas mixtas (fagos bacterianos).

Algunos virus  tienen forma de bala (virus de la rabia) o  formas complejas como ladrillos (virus de las viruelas), otros son alargados (virus Lassa).

Químicamente los virus están constituidos por un solo tipo de ácido nucleico (AN), escasas proteínas, y en algunos casos por lípidos y glúcidos de origen celular. Estas moléculas forman las siguientes estructuras: nucleoproteína, cápside, matriz, envoltura o manto lipídico y espículas o proyecciones de superficie (peplómeros).

El ácido nucleico, ARN o ADN, siempre tiene una ubicación central. El ácido nucleico junto a  proteínas que se les adhieren y facilitan su plegamiento conforman la nucleoproteína, también denominada nucleoide o “core”.

Las proteínas constituyen una verdadera cápsula que encierra y protege al ácido nucleico. La envoltura proteica se denomina cápside (del griego capsa: caja) y está formada por pequeñas subunidades de naturaleza polipeptídica, llamados capsómeros. La función de la cápside viral es fundamentalmente protectiva; además es antigénica y le confiere la forma a los virus no envueltos.

Cada capsómero está conformado por subunidades estructurales constituidos por tres polipéptidos o protómeros. Los capsómeros se ensamblan de acuerdo a principios geométricos y se distribuyen generalmente como hexámeros y pentámeros, visibles al microscopio electrónico.

Algunos virus presentan una estructura proteica, ubicada entre la cápside y la envoltura lipídica, llamada matriz, que les da una mayor rigidez.

El conjunto de ácido nucleico y cápside denominado nucleocápside se organiza estructuralmente adoptando dos fomas o simetrías: icosaédrica y helicoidal.

En  los virus con simetría icosaédrica la cápside envuelve como una cápsula al ácido nucleico viral. Estos  virus en microscopía electrónica se observan con formas esféricas debido a que son poliédricos isométricos. La mayoría son icosaédricos, con 20 caras triangulares y 12 vértices.  El número total de capsómeros es característico para una determinada familia viral. Los adenovirus tienen 252 capsómeros y los herpes 162. El número de capsómeros y su presentación geométrica constituyen criterios utilizados en la clasificación viral

En los virus con simetría helicoidal la nucleocápside se presenta como un espiral en que el ácido nucleico sigue la curvatura de la envoltura proteica, distinguiéndose nucleocápsides helicoidales rígidas y flexibles. Los virus con nucleocápside rígidas se observan  en microscopía electrónica como un cilindro o resorte alargado.

Los virus con nucleocápsides flexibles se presentan como estructuras pleomórficas, en que la nucleocápside se enrolla sobre sí misma. En este caso la nucleocápside es envuelta por una matriz proteica y una envoltura lipídica con proyecciones de superficie.

Los virus envueltos presentan una envoltura o manto lipídico originado en la célula hospedadora. La envoltura es típica de los virus herpes.

Ciertos virus presentan proyecciones de superficie de carácter glicoproteico, llamados peplómeros.  Los coronavirus poseen peplómeros que les confieren un aspecto de corona, de allí su nombre.


3.  LOS VIRUS  COMO ENTIDADES  QUÍMICAS

3. 1.  Composición  química

Los virus más simples están formados por el ácido nucleico genómico y escasos polipéptidos, mientras que los más complejos tienen además hidratos de carbono y lìpidos.  Los arenavirus contienen ribosomas de origen celular que adquieren al salir por gemación de la célula donde se han multiplicado; estos ribosomas son afuncionales.

Acidos nucleicos.  El ácido nucleico viral  se encuentra en el interior del virión, enrollado y firmemente unido a proteínas constituyendo el núcleo viral o “core”.  Según sea el ácido nucleico que contengan los virus se clasifican primariamente en: desoxirribovirus con ADN y ribovirus con ARN.  Los ribovirus constituyen el único ejemplo en la naturaleza en que la información genética se almacena exclusivamente en el ARN.

El ácido nucleico viral que constituye el genoma del virión es el responsable del carácter infeccioso del virus y al contener toda la información necesaria para perpetuar una especie viral o linaje es responsable de la continuidad genética de la especie viral. Un virus defectivo que carece de ácido nucleico no es infeccioso; a su vez, un virus tratado con un inactivante como la luz ultravioleta pierde su infecciosidad.

Los ácidos nucleicos virales son haploides, presentan una copia de cada gen  con excepción de los virus de la leucosis que son diploides.

El ADN celular es biténico y el ARN celular es monoténico; sin embargo, los ácidos nucleicos virales  presentan varias excepciones, existiendo ADN monoténicos (parvovirus), ADN cíclicos (virus polioma), ARN biténicos (reovirus) y ARN fraccionados (myxovirus, arenavirus y bunyavirus).

Las cadenas de un ácido nucleico biténico son de polaridad opuesta y complementaria: si una es positiva (+) la otra será negativa (-). Un virus monoténico es (+) o de cadena (+) cuando su genoma tiene la polaridad para actuar como ARN mensajero dentro de la célula, iniciando y completando la síntesis de proteínas virales. Un virus será considerado como (-) si su genoma  no puede actuar como ARNm directo, requiriendo la síntesis de ARNm específico viral. Los virus (+) son capaces de infectar a las células con su ácido nucleico el que actúa como ARNm.

El peso molecular del genoma viral varía entre 2 y 160  millones de daltones. Los virus ADN tienen entre 4,5 y 200 kbp; los virus ARN tienen entre 2 y 18 kb.  Genomas tan pequeños sólo contienen entre 4 y 200 genes que les permiten codificar no más de 200 proteínas.

Proteínas. Son codificadas por el genoma viral y producidas por la célula hospedadora.  Están constituidas por L-aminoácidos corrientes y muchas de ellas son glicoproteínas. Debido al pequeño tamaño del genoma viral su número es escaso por lo que se repiten.

Las proteínas  virales se clasifican  en proteínas estructurales  y no estructurales.

Las proteínas virales estructurales pueden ser internas se ubican en la nucleoproteína, y externas que constituyen la cápside, el manto lipoproteico y las proyecciones de superficie. Las proteínas virales  no estructurales corresponden a aquellas que se producen precozmente durante el ciclo de replicación viral, pueden ser proteínas tempranas de desnudamiento o proteínas que bloquean la síntesis de las macromoléculas celulares.

Las proteínas  de la cápside, envoltura lipídica y proyecciones de superficie constituyen verdaderos receptores que se unen con los receptores celulares, confiriendo la especificidad de los virus por las células lo que se traduce en un marcado tropismo de los virus por  ciertas células, tejidos u órganos comprometiendo, por lo tanto, a determinados sistemas y órganos a la acción patógena viral. Si la célula no tiene receptores para un virus éste no la infectará al no poder introducir su ácido nucleico. Consecuentemente si una especie animal o vegetal no tiene células con receptores para un determinado virus no será infectado por él. Sin embargo, esto se ha conseguido experimentalmente mediante la inoculación de ácido nucleico (transfección)   del virus de la poliomielitis humana en una célula de origen canino no susceptible a este virus, lográndose que estas células repliquen el ácido nucleico viral y produzcan nuevos viriones.

Las proteínas virales conforman los determinantes antigénicos responsables de la antigenicidad del virión, lo que permite al organismo infectado reconocer a los  virus como extraños y montar una respuesta inmunológica para finalmente eliminarlos. Estas proteínas se organizan en cápsides icosaédricas o nucleocápsides helicoidales que además de conferir una determinada forma al virus, protegen el acido nucleico viral de la acción deletérea de las endonucleasas celulares y de  pH extremos.

Los lípidos, de origen celular, se ubican en el manto de los virus envueltos como una capa bilipídica que presenta los enlaces hidrofóbicos hacia el interior del virus.  Los virus adquieren la envoltura lipídica en la membrana citoplasmática por un proceso similar a la gemación. En algunos virus se han detectado glicolípidos, fosfolípidos, colesterol y triglicéridos. Los virus envueltos son susceptibles a la acción de solventes de lípidos como el cloroformo y éter.

Los carbohidratos, también de origen celular, se encuentran asociados a proteínas y lípidos formando glicoproteínas y fosfolípidos. En algunos virus se han encontrado manosa, glucosa, galactosa y glucosamina.

La calidad y concentración de los lípidos y carbohidratos serán semejantes a la de la membrana citoplasmática de la célula en que el virus se replicó.

Las espículas o proyecciones de superficie, constituidas por 2 ó 4 glicoproteínas, tienen propiedades antigénicas, y participan en la unión específica del virus a la célula y en el fenómeno de interferencia viral.

Las enzimas virales pueden ser proteínas estructurales (nucleoproteína) o proteínas tempranas. De acuerdo a su funcionalidad se clasifican en seis grupos:  

1. Enzimas que afectan la interacción del virus con la superficie de la célula. Ejemplo:
   neuroaminidasa, lisozima.
2. Enzimas que transcriben el ADN viral en ARNm. Ejemplo: ARN polimerasa ADN
   dependiente.
3. Enzimas que transcriben  el ARN viral en ADN. Ejemplo: transcriptasa reversa.
4. Enzimas que replican ADN viral. Ejemplo: ADN polimerasa ADN dependiente.
5. Enzimas que adicionan grupos terminales específicos al ácido nucleico viral. Ejemplos:
   nucleótido fosfohidrolasa (convierte el terminal 5`trifosfato en difosfato), guaniltransferasa,
   ARN metilasa, y poli(A) polimerasa.
6. Otras enzimas virales son: proteína kinasa (fosforilan proteínas), ribonucleasas,
   desoxyrribonucleasas, endorribonucleasas y  polinucleótido ligasa.

3. 2.  Inactivación  viral

Se entiende por inactivación viral la pérdida de la capacidad infecciosa de un virus, es decir la propiedad de infectar células susceptibles. La inactivación viral  ocurre cuando el ácido nucleico viral o las proteínas virales son alteradas por tratamientos físicos o químicos, lo que conduce a que el ácido nucleico no se transcriba ni se replique, o a que el virus no se una específicamente a las células. Los principales inactivantes virales son el calor, las radiaciones y ciertas substancias químicas.

1. Calor.  Los virus animales son muy variables en cuanto a su termosensibilidad, siendo más susceptibles los virus envueltos. El tratamiento térmico realizado a temperaturas superiores a 55º C desnaturaliza las proteínas ubicadas en la cápside y envoltura lipídica. La mayoría de los virus pierde totalmente su infecciosidad cuando son tratados a 55 - 60º C.

En términos generales los virus se inactivan rápidamente, en segundos, cuando son sometidos a 60º C;  en minutos cuando son tratados a 37º C; en horas a 25º C y en días a 4º C. Mantenidos a -70º C o a temperaturas más bajas en N líquido (-196º C) no pierden su infecciosidad.  

Algunos virus son muy susceptibles a los  cambios bruscos de temperatura, como por  ejemplo cambios de +37º C a -70º C. Frente a la  acción de la temperatura algunos virus pueden ser  estabilizados con sales (Mg Cl2, Mg SO4 y Na2 SO4) en concentraciones molares; de esta forma pueden ser mantenidos a temperatura ambiente (25º C) durante semanas sin perder su infecciosidad.

En el laboratorio se utilizan autoclaves (calor húmedo)  y el horno Pasteur (calor seco) para inactivar virus y bacterias.

2. Radiaciones. Los virus son inactivados por radiaciones ionizantes y no ionizantes. Las radiaciones ionizantes, raxos X o gamma, producen rupturas en el ácido nucleico viral; las no-ionizantes, luz visible (solar) y luz ultravioleta (LUV) también afectan el ácido nucleico al romper polinucleótidos o al formar dímeros de bases.   Para desinfectar laboratorios se utilizan lámparas de LUV.

3. Sustancias químicas. Se utilizan como desinfectantes o como inactivantes de virus en la preparación de vacunas.

Se agrupan en: agentes oxidantes como el cloro en hipoclorito de Na, y el yodo en tintura; agentes alkilantes: formaldehido y  glutaraldehido; agentes desnaturalizantes de proteínas: alcohol y fenol; agentes desnaturalizantes de ácido nucleico: beta-propiolactona y acetil etilenimina (AEI) binaria; detergentes; y colorantes vitales: rojo neutro, naranja de acridina y proflavina.  Los colorantes vitales se unen con el ácido nucleico viral el que se hace más sensible a la acción de la luz.

3. 3.  Preservación de la infecciosidad viral

En el laboratorio se mantiene la viabilidad de los virus, con fines de estudio o diagnóstico, manteniendo las suspensiones virales en congelación a temperaturas de -70º C (temperatura del hielo seco) o a -196º C (temperatura del N líquido) y adicionadas de elementos protectores como el dimetil sulfóxido (DMSO), glicerol o suero sanguíneo en un medio isotónico y  pH fisiológico. A temperatura de refrigeración, +4º C, la infecciosidad de los virus se mantiene aproximadamente durante una semana. Los virus también pueden ser mantenidos viables en forma liofilizada, agregándoles caseína o suero sanguíneo a la suspensión viral.

3. 4.  Purificación viral

El objetivo de todo proceso de purificación viral es obtener suspensiones virales libres de componentes celulares. Virus purificados son necesarios para estudios morfológicos, caracterización físico-química, aislamiento de ácido nucleico, preparación de antígenos para producir sueros antivirales o para ser utilizados en pruebas serológicas y en la preparación de vacunas subunitarias.

Un adecuado esquema de purificación viral permite no solamente separar a los virus de las partículas subcelulares sino que también concentrarlos.  Primero se centrifuga, la suspensión viral a 1.500 x G para eliminar los contaminantes groseros, y el sobrenadante obtenido se centrifuga a alta velocidad, 100.000 x G para disminuir el volumen de la suspensión viral.

Es  posible  obtener preparaciones virales altamente purificadas utilizando las siguientes técnicas: centrifugación diferencial, que consiste en aplicar ciclos alternados de baja y alta velocidad, precipitación con sales (polietilenglicol, sulfato de amonio, fluorcarbonos halogenados), en que se separan por precipitación las proteínas virales de las proteínas contaminantes, y  ultrafiltración a través de filtros con poros de tamaño menor a 0,10 μ.

Cuando se requiere un mayor grado de pureza se utiliza la centrifugación en gradiente y la isopícnica.  En la centrifugación en gradiente zonal de sucrosa o glicerol, a 90.000 x G durante 1 a 3 horas, los virus se separan de las partículas contaminantes subcelulares como ribosomas o restos de membranas celulares, debido a que poseen coeficientes de sedimentación diferentes.  En la centrifugación isopícnica en gradiente de una sal pesada como el cloruro de cesio, a 100.000 x G durante 14 horas, los virus se separan de los contaminantes subcelulares, que tienen un coeficiente de sedimentación similar,  debido a que su densidad de flotación es diferente.

En la preparación de muestras para el diagnóstico viral, éstas se  centrifugan entre 1.500 y 3.000 rpm durante 15 a 20 minutos para sedimentar los contaminantes más pesados, utilizándose el sobrenadante como inóculo viral. Para evitar las contaminaciones bacterianas el sobrenadante es pasado a través de filtros que retienen a las bacterias (filtros Seitz  de 0,45 μ y Millipore de 0, 10 μ ), o se les agrega antibióticos.

PRINCIPIOS DE VIROLOGÍA APLICADOS A LA MEDICINA VETERINARIA. I. Patricio Berríos E. 2018

PRINCIPIOS DE VIROLOGÍA VETERINARIA


Dr. Patricio Berríos Etchegaray
Médico Veterinario  Ph.D
Profesor titular Universidad de Chile
2018

 "Los virus y las enfermedades virales han jugado un rol importante en la infectología humana y animal" Junto a las bacterias son viejos conocidos de la humanidad. Han estado con nosotros desde tiempos inmemoriales y al parecer no hay indicios que nos quieran dejar. La historia de los virus y sus enfermedades es fascinante, siendo intrigante su origen y evolución. En este relato, junto a la historia de los virus se mencionan a los principales hombres de ciencia que han contribuido a su conocimiento. No es posible dejar de reconocer uno de los grandes logros de la virología que se refiere a la erradicación de dos enfermedades virales  la viruela en humanos, y la  peste bovina en la medicina veterinaria contemporánea. En Chile se han erradicado junto a la fiebre aftosa, la peste porcina clásica, anemia infecciosa equina, enfermedad de Newcastle. Logros nacionales que prestigian a los organismos agropecuarios del país. 




1.  INTRODUCCIÓN
Históricamente fue Cornelius Aulus Celsius, 50 años d.C.,  el primero en emplear el término virus al referirse a la rabia como una enfermedad causada por un virus. Sin embargo, es el holandés Martinus W. Beijerinck quien, en 1898, acuñó el término virus al referirse  a un extraño y desconcertante agente infeccioso relacionado con la etiología del mosaico del tabaco,  al que llamó “contagium vivum fluidum”, “líquido vivo contagioso o “virus”, el que por su tamaño y otras características biológicas evidentemente no era una bacteria.


La palabra "virus" proviene del latín y significa veneno. Es una palabra  neutra que no tiene plural.


Los virus afectan tanto a organismos pluricelulares como a unicelulares y se han detectado en animales, vegetales y protistas. Estas entidades biológicas se encuentran en mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces; invertebrados; protozoos, bacterias, hongos, algas y  mycoplasmas. Es lícito entonces aceptar que los virus son capaces de infectar a cualquier célula viva.


El grado de parasitismo de los virus es absoluto. Para multiplicarse deben forzosamente introducir su ácido nucleico en el interior de una célula. El parasitismo se ejerce a nivel genético, dentro de la célula; es allí donde el genoma viral expresa su  capacidad informacional que le permitirá, en último término, la síntesis de sus propias macromoléculas, replicando una nueva progenie viral mediante autoensamblaje de sus componentes. La replicación viral puede inducir algún tipo de efecto citopático, el que producirá a su vez un cierto daño al órgano o tejido al que pertenezcan las células infectadas. Los virus como buenos parásitos tienden a coevolucionar con su hospedero.  


Según algunos autores los virus no carecen totalmente de vida aunque tampoco están funcionalmente vivos. De hecho esperan a ser activados lo que ocurre al entrar a una célula.


Los virus siempre han sido reconocidos por sus efectos, es decir  por las enfermedades que producen tanto en animales como en vegetales. Algunos virus no producen daño visible y pasan desapercibidos; incluso pueden replicarse en alguna especie animal sin causar una patología determinada, pero al romper la barrera interespecies son capaces de inducir  enfermedad en la nueva especie que ha sido afectada. Tal sería el caso del virus del sindrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) originario de los chimpancés africanos y que posteriormente habría pasado al ser humano con las desastrosas consecuencias por todos conocidas.


Otro grupo  de virus, denominados oncogénicos, al integrar su genoma con el genoma celular y portar oncogenes, serán capaz de transformar a las células en tal grado que éstas se dividirán desordenadamente y sin freno produciendo cáncer.


Las enfermedades virales de los animales superiores no tienen tratamiento. Sólo existen escasos fármacos antivirales que puedan ser usados con éxito. La prevención, a través de la aplicación sistemática y oportuna de vacunas antivirales, junto a medidas generales de higiene, es la única arma eficiente para impedir la diseminación de los virus patógenos en una población de animales susceptibles.


Según Lederberg (1988), la mayor amenaza individual para el dominio continuado del ser humano sobre el planeta son los virus, que nos afectan directamente o indirectamente al actuar sobre los animales, vegetales y bacterias, nuestros compañeros de ruta  por años.


1. 1.  Antecedentes  históricos


Los virus probablemente han coexistido con los animales superiores desde siempre, no hay razones valederas para pensar en lo contrario. Al menos las enfermedades causadas por ellos han sido detectadas desde hace mucho tiempo. En  Egipto, cuna de la civilización, se ha encontrado un bajorrelieve que data de la XVIII dinastía egipcia, aproximadamente 1.500 años a.C., que representa a un individuo aparentemente recuperado de poliomielitis paralítica. Esta enfermedad  mataba sin piedad a los afectados que se asfixiaban por parálisis respiratoria o dejaba graves secuelas en quienes sobrevivían.


Por otra parte, existen evidencias de que la viruela humana, causada por un poxvirus, había afectado desde muy antiguo a los egipcios al encontrarse pústulas secas de viruela en la cara momificada de Ramses V. La viruela era una enfermedad común en India y China entre los años 300 y 200 años a.C. Sin embargo, fue el médico persa Rhazes, quien vivió entre los años 860 y 932 d.C., el que primero describió una enfermedad viral en humanos al hacer  referencias gráficas de los síntomas de la viruela y el sarampión.


No deja de llamar la atención que fuera Aristóteles, 400 años a.C., quien describiera la rabia furiosa canina, estableciendo que la enfermedad se transmitía a  animales sanos por la mordedura de un animal enfermo, concepto epidemiológico bastante adelantado para su época.


Las enfermedades virales de los vegetales también han sido conocidas desde mucho tiempo atrás, así en 1576, el mosaico del tulipán (Tulipa gesneriana), enfermedad que afecta a las flores de este vegetal, se extendió violentamente desde Turquía al continente europeo, causando un serio daño al floreciente comercio del tulipán. Situación tan grave en aquella época como la ocurrida recientemente en el Reino Unido con la encefalopatía espongiforme o “enfermedad de las vacas locas”.  En el siglo XVII los bulbos del tulipán, infectados probablemente por un virus, produjeron una nueva variedad de flores con colores muy llamativos, lo que creó en Holanda una verdadera tulipomanía, con graves consecuencias económicas para el estado.


En 1850 se describe la poliedrosis del gusano de seda,  enfermedad que también tuvo repercusiones económicas en su época, añadiendo a los efectos sociales que causaba un factor incentivante de su estudio y prevención.


El conocimiento sistemático de los virus, como entidades infecciosas patógenas, se inició en 1876 cuando el alemán Adolf  Mayer, un químico agrícola,  demostró el carácter infeccioso de la enfermedad conocida como “mosaico del tabaco” (Nicotiana tabacum), al transmitir la enfermedad  a hojas de plantas sanas, mediante escarificaciones con material proveniente de una hoja afectada con el mosaico.


El botánico ruso Dmitrii Ivanovsky dio un paso adelante, cuando el 12 de febrero de 1892 informó a la Academia Imperial de Ciencias de San Peterburgo en Rusia,  que los macerados de hojas con el mosaico del tabaco mantenían su infecciosidad luego de ser filtrados por bujías Chamberland. Estos antiguos filtros retenían el paso de las bacterias y dejaban pasar a los pequeñísimos virus.  ¡Los virus eran filtrables!


En 1898, Martinus W. Beijerinck, considerado como el padre de la virología, al repetir las experiencias de Ivanovsky descubrió que los filtrados eran capaces de difundir en gel de agar  en vez de permanecer sobre el gel como lo hacían las bacterias, además de precipitar con alcohol. Este precipitado mantenido a 40º C retenía su capacidad infecciosa,  la que sólo se destruía por ebullición o tratamiento con formalina.


En el mismo año los investigadores alemanes Freidrich Löeffler y Paul Frosch establecieron el carácter infeccioso de los filtrados de linfa contenida en las aftas de bovinos que padecían de fiebre aftosa. Este hallazgo sugería un  tamaño pequeño para el agente etiológico, tal vez una toxina bacteriana presente en la linfa vesicular. Sin embargo, considerando que luego de sucesivas infecciones en seis animales diferentes la linfa mantenía su carácter infeccioso, se pensó en un agente replicante. Estos científicos observaron que otras enfermedades como la viruela, el sarampión y el “rinderpest” o peste bovina eran causadas por agentes semejantes al de la fiebre aftosa, los que  fueron denominados genéricamente como virus filtrables.


En 1915 y 1917,  los bacteriólogos  F. W. Twort y Felix d’Herelle encontraron, independientemente, virus que infectaban a las bacterias, actualmente denominados virus bacterianos, bacteriófagos  o simplemente fagos.


En 1958, Bergold describió la existencia de virus en insectos. Los virus de los hongos fueron reconocidos en 1962, los de las algas verde-azules en 1964, y los virus de  mycoplasmas y protozoos en 1972.


El médico inglés Edward Jenner,  modificó la variolización usada  en China en el siglo XV para combatir la viruela, utilizando pústulas de vacas con viruela bovina o cow-pox, método denominado vacunación. Jenner  publicó en 1798 “Estudios sobre las causas y acciones de la Variolae vacciniae”, estableciendo que las personas que habían sufrido de viruela o que eran inoculadas con virus viruela bovina quedaban protegidas contra la viruela humana.


El descubrimiento de la naturaleza química del VMT tuvo un tremendo impacto en las ciencias biológicas y médicas, siendo el significado biológico del VMT significativamente mayor que su importancia como patógeno vegetal, de manera que muchos científicos se sintieron estimulados a estudiar la exacta naturaleza de los virus a nivel físico y químico.  La oportunidad de trabajar con preparaciones virales purificadas, el uso del microscopio electrónico iniciado en 1940 y el desarrollo de sofisticadas ultracentrífugas, influyeron notablemente en el avance del conocimiento de los virus en cuanto a su tamaño, forma y propiedades químicas y biológicas.


En 1930 el inglés William Elford construyó  filtros de membrana de colodión de diferentes rangos de diámetro de poros y estimó el tamaño de varios virus,   aproximadamente 10 nanómetros para el virus aftoso, estableciendo además que los virus son entidades que presentan un tamaño definido entre 25 y 300 nanómetros.


Uno de los descubrimientos más importantes de la virología moderna, referente a la transmisibilidad de la leucosis aviar, fue publicado en 1908 por V. Ellerman y  O. Bang; sin embargo, este hallazgo fue  considerado como una curiosidad y relegado al olvido durante más de 40 años cuando recién se reconoció su importancia en medicina y virología.


El estudio de las interacciones entre bacteriófagos (serie T1) y células bacterianas   (Escherichia coli) sirvió como modelo para conocer los procesos de infección con otros tipos de virus  animales o vegetales, lográndose avances de gran importancia en el desarrollo de la biología molecular. Estos nuevos conocimientos incluyen, entre otros,  el descubrimiento que el ácido desorribonucleico (ADN) constituye el material genético en algunos bacteriófagos y que este ácido nucleico se podía integrar en el ADN celular (lisogenia), aceptándose además que los genes celulares podían ser transportados de una célula  a otra por virus.


El éxito conseguido por el “Phage Group”, creado por Max Delbruck en USA, inspiró a los investigadores en virología animal a desarrollar técnicas para multiplicar células en cultivos “in vitro”.  Previamente algunos virus animales fueron replicados en huevos embrionados de gallina, siendo el virus influenza cultivado exitosamente en el embrión de pollo por F. M. Burnet.     


El hecho de que los virus influenza aglutinen eritrocitos de pollo en proporción a la concentración del virus y que el grado de aglutinación puede ser medido por un simple densitómetro, permitió a G. K. Hirst desarrollar un seguro método de cuantificación viral.


En 1956, Spiegelman logró obtener la síntesis de ARN del bacteriófago Q-β, incubando parte del ácido ribonucleico (ARN) del virus con una enzima, Q-β replicasa, produciendo nuevas moléculas de ARN que tenían la misma capacidad de infección que el ARN viral. Consecuentemente la infección de Escherichia coli con el ARN sintetizado inducía a las bacterias a producir partículas virales completas. Posteriormente, un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford logró obtener la síntesis de ADN del bacteriofago X-174  el que resultó biológicamente idéntico al ADN viral.


Otros importantes hitos históricos de la virología  han sido: el desarrollo de los cultivos de células “in vitro” por Alexis Carrel  (1910), el establecimiento de una línea celular inmortal por Williams Earle (1940) y la multiplicación del virus de la poliomielitis humana en cultivos celulares de embrión humano (Enders, 1940); el descubrimiento de la transcriptasa reversa por David Baltimore y H. M. Temin; la caracterización de los oncogenes por J. M. Bishop y  R. A. Weinberg, y en forma contemporánea el aislamiento del virus del SIDA por los grupos de Robert Gallo (USA) y Luc Montagnier del Instituto Pasteur (Francia). En 1979, dos años después de conocerse el último caso de viruela humana en el mundo, la OMS declara que la enfermedad ha sido erradicada.


En  cuanto  a inmunoprofilaxis,  en medicina veterinaria,  cabe destacar que  en  la década del 40, O. Waldmann y colaboradores desarrollaron la primera vacuna realmente efectiva contra la fiebre aftosa, conocida con el nombre de vacuna de Vallée-Schmidt-Waldmann. La lucha sistemática contra las virosis humanas se inicia en 1955 cuando se aplica  la vacuna contra la poliomielitis desarrollada por Jonas Salk y que contiene virus inactivado. En 1957, Albert Sabin desarrolló una vacuna oral contra la poliomielitis preparada con virus vivo modificado lo que constituyó otro gran avance en la inmunoprofilaxis antiviral.


Con respecto a los virus causantes de enfermedades emergentes como el SIDA y las fiebres hemorrágicas, es oportuno precisar que estos virus no son  nuevos, no son muchos y no todos producen muerte en el ser humano. Muchos de ellos han existido desde hace tiempo y han reaparecido debido a que afectan a ciertos hospederos como los roedores en el caso del virus Hanta, causándoles una enfermedad crónica inaparente, lo que les permite coexistir con ellos. El hombre se infecta al aumentar las posibilidades de contacto con algunos ratones como el Apodemus agrarius reservorio del virus Hanta. Esta interacción estaría dada fundamentalmente por alteraciones en el medio ambiente que favorecen el aumento del número de  ratones.


Los virus de la influenza son un buen ejemplo de los cambios que sufren los virus en su antigenicidad y virulencia causando desastrosas epidemias en el hombre y en animales. En 1983 el serotipo H5 N2 produjo una elevada mortalidad en pollos que alcanzó más de un 80% lo que significó un costo aproximado a los 60 millones de dólares a la industria avícola norteamericana. La diferencia entre las cepas virulentas y las más benignas se ubica en siete nucleótidos los que determinan cambios en cuatro aminoácidos de la hemoaglutinina (HA) viral y el consiguiente aumento de la virulencia del virus influenza aviar. En 1987, en Hong Kong, se detectaron casos de influenza en pollos causados por el serotipo H5 N1  lo que obligó a las autoridades a sacrificar millones de aves. En este brote se presentaron casos humanos con varias muertes causadas por el virus aviar.


1. 2.  Definición de virus


No ha sido fácil definir a los virus. Generalmente las definiciones de virus no son más que descripciones de sus principales características. Conceptualmente, en cualquier intento de definición hay que considerar sus singularidades como son la infecciosidad viral, su capacidad de existir en un estado no celular y el obligado parasitismo que exhiben a nivel genético.


En 1933, Wendell M. Stanley empezó a estudiar la naturaleza química de los virus, encontrando que el virus del mosaico del tabaco (VMT) era destruido por el tratamiento con  pepsina en un determinado pH. Este investigador dedujo que los virus estaban constituidos exclusivamente por proteínas. Posteriormente, mediante repetidas precipitaciones con sulfato de amonio saturado 0,5 obtuvo paracristales en forma de aguja,  los que mantenían su infecciosidad a altas diluciones y luego de sucesivas recristalizaciones. Con estos resultados, Stanley concluyó que “el VMT era una proteína autocatalítica que requería la presencia de células vivas para su multiplicación”.


Tres años después Bawden, Pirie et al,  descubrieron que el VMT contenía ácido ribonucleico además de las proteínas, determinándo que  los virus eran realmente nucleoproteínas.


Lwoff definió  a los virus como “entidades estrictamente intracelulares y potencialmente patógenas, con una fase infecciosa, que poseen un solo tipo de ácido nucleico, se multiplican  a partir de su material genético, están desprovistos de sistemas enzimáticos para producir energía, y no son capaces de crecer ni de reproducirse por división binaria”.


Luria y Darnell en 1967 definen a los virus como “entidades cuyo genoma es ácido desoxirribonucleico  o ácido ribonucleico, que se reproducen dentro de células vivas usando la maquinaria metabólica celular para dirigir la síntesis de partículas especializadas, conformando el virión que contiene el genoma viral y que será,  en último término, transferido de una célula a otra”. Esta definición funcional se basa en el obligado parasitismo intracelular de los virus en un nivel genético.


S. Harrison describe a la partícula viral como “estructuras que transfieren ácido nucleico de una célula a otra”. Para muchos autores modernos, los virus “son paquetes de ácidos nucleicos envueltos por proteínas que los protegen y les permiten ingresar específicamente a una célula”.


Según Peter y Jane Medawar los virus son genes  envueltos en proteínas que alteran las actividades normales de una célula. Los virus serían programas genéticos que llevan un mensaje muy simple de una célula a otra, que dice: “¡reprodúceme!”. En otras palabras los virus serían genes con capacidad de movimiento que atacan a las células para reproducirse en ellas y luego abandonarlas para penetrar en otras.


De acuerdo con van Regenmortel (1990) una especie viral es definida como una clase de variadas características que constituyen un linaje replicante que ocupa un nicho ecológico particular.  Virus del mismo tipo poseen exactamente el mismo tamaño y forma.


Una especie viral es una población compleja de entidades afines, que actúa como un todo y se autoperpetúa.  Según M. Eigen la substitución de especie por "cuasiespecie" no es un mero cambio semántico sino que se refiere al comportamiento de los virus, lo que ayuda a responder preguntas tales como ¿Cuándo empezó a evolucionar un virus determinado? ¿De dónde proceden los virus? Pareciera ser que los actuales virus tuvieron un origen celular o tal vez descienden de programas genéticos de sus hospedadores. Si aceptamos que la selección evolutiva es consecuencia de la capacidad que tiene un genoma de autorreplicarse, en los virus un aspecto vital es su información genética que implica capacidad de autoconservación, a través de mutaciones y adaptación a un medio ambiente en continuo cambio.


Los virus han sido considerados como genes de vida libre o fragmentos de ADN extraviados. En 1957, Roberto Donoso B. profesor de Biología en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Chile sostenía que los virus eran genes aberrantes.


Cualquiera sea la fineza de la definición de virus, hay que consignar que ellos presentan básicamente  tres características definitorias: Poseen un ácido nucleico con capacidad infectiva, lo que asegura la continuidad genética de las estirpes virales. Presentan un grado de parasitismo absoluto lo que implica una gran dependencia con la célula hospedadora. Tienen un tamaño muy pequeño, una organización estructural simple y una composición genómica elemental.
De cualquier forma, aún no pierde vigencia lo establecido por Lwoff en 1957: Los virus deben ser considerado como virus, porque los virus son virus. Concepto que implícitamente establece la unicidad de los virus en el mundo biológico.


Según el diccionario de la lengua española “Real Academia Española” XXII Edic.2001. Virus son organismos de estructura muy sencilla, compuesto de proteínas y ácido nucleico, y capaz de reproducirse sólo en el seno de células vivas utilizando su metabolismo.  Y los virus informáticos son programas introducidos subrepticiamente en la memoria de un ordenador que al activarse, destruyen total o parcialmente la información almacenada. Es sorprendente la analogía entre virus y virus informáticos, con antivirales y todo.


1. 3.  Ubicación de los virus en la naturaleza


Los virus junto a  los microorganismos unicelulares pueden ser clasificados considerando un factor decreciente en su complejidad y tamaño, siempre considerando que nada existe por separado en ninguno de los sistemas de procesos jerárquicos (Eldredge, 2001) Así tenemos:
      
               Protozoos (Protistas superiores)
                       hongos
                                   bacterias  (Protistas inferiores)
                                                  mycoplasmas
                                                                        rickettsias
                                                                                        clamydias (falsos virus)
                                                                                                         virus
                                                                                                          priones y viroides


Desde los protozoos hasta las clamydias  todos son celulares; pequeños y simples. Después de las clamydias,  denominadas “falsos virus”, siguen los virus que no se consideran como protistas inferiores. Son  más pequeños y acelulares. Contienen un solo tipo de ácido nucleico. No poseen ribosomas, mitocondrias ni ATP. Son completamente dependientes de la célula hospedadora para la síntesis de proteínas y  de energía. Son los parásitos más parásitos. No son autopoiéticos. Fuera de la célula son inertes. Sólo dentro de la célula presentan las características de la vida, interfiriendo y controlando el metabolismo celular, lo que en último término dirige la síntesis de ácidos nucleicos y proteínas virales que constituirán la estructura de la progenie viral.




Cuadro 1.  Diferencias básicas entre virus y bacterias
                                      
                                                 Virus Bacterias
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Unidad estructural:               Virión   Célula
Composición química:           Un solo ácido nucleico Dos tipos de ácido nucleico
                                                 Escasas proteínas Muchas proteínas
                                                 Pocas enzimas Muchas enzimas
                                                 No generan ATP Generan ATP
                                                Algunos virus tienen Tienen glúcidos
                                                glúcidos y lípidos y lípidos
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Naturaleza de su crecimiento:
                                                   
División binaria:                       No Sí
Síntesis independiente
de sus partes                              Sí No
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Crecimiento en medios
artificiales                                 No Sí


Sensibles a antibióticos            No     Sí


Sensibles a interferón               Sí     No


Presencia de ribosomas            No      Sí


Contienen ácido
murámico                                    No Sí


Tamaño menor de 300 nm          Sí       No   
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En términos generales, a diferencia de las células, los virus tienen una estructura simple y estática, no tienen un sistema metabólico propio y dependen de la maquinaria de la célula hospedera para su replicación (son parásitos intracelulares estrictos).
Con los virus no termina la apasionante historia de la materia organizada. Después de los virus siguen los virus no convencionales o entidades patógenas sub-virales: viroides y priones, con las características de las macromoléculas que los constituyen, exclusivamente ARN en los viroides, y  proteínas en los priones.


Los viroides son patógenos de los vegetales, causando la enfermedad de los tubérculos fusiformes de las papas, exocortis de los cítricos, enanismo del crisantemo, clorosis del pepino, enanismo del lúpulo, entre otras.


Los priones son patógenos de los mamíferos, causan el scrapie de las ovejas y cabras, la encefalopatía transmisible del visón, y la  enfermedad crónica devastante del alce y venado. En el hombre: el kuru, la enfermedad de Creutzsfeldt-Jacob y el síndrome de Straussler-Gerstmann. Y la encefalopatía espongiforme en bovinos o enfermedad de las vacas locas.


Los virus de la hepatitis delta  son los virus más pequeños y son considerados como “satélites subvirales del virus de la hepatitis B” al que necesitan para replicarse. También se denominan “virusoides”. Los virusoides, también llamados ARN satélites, son similares a los viroides en el sentido de que son ácidos nucleicos desnudos, de bajo peso molecular, extremadamente resistentes al calor y a las radiaciones ultravioletas e ionizantes. Sin embargo, dependen de un virus ayudante para la replicación. Los virusoides se replican en el citoplasma de la célula a través de una polimerasa ARN dependiente de ARN.


Los virus defectivos son virus cuyos genomas carecen de uno o más genes, debido a mutaciones o a deleciones.   Necesitan al igual que los virusoides de un virus ayudante para replicarse. En el caso de algunos virus, durante la infección se produce una mayor cantidad de virus defectivos que de viriones infecciosos (tanto como 100:1). La producción de partículas defectivas es característica de algunas especies virales y se cree que modera la severidad de la relación infección/enfermedad in vivo.


Pseudoviriones son virus que contienen  fragmentos de ADN celular en vez del ADN viral. No se pueden replicar. Los pseudoviriones pueden ser producidos durante la replicación viral cuando el genoma del hospedero se fragmenta. Como resultado de este proceso algunos fragmentos del ADN del hospedero se incorporan en la cápside en lugar del ADN viral.


Pseudotipos: Son virus que tienen igual envoltura pero uno de ellos tiene el genoma diferente, ejemplo virus leucosis felina y su pseudotipo el virus sarcoma felino.


¿Son los virus verdaderos microorganismos?  “De acuerdo con el biólogo chileno Humberto Maturana Romesín los virus no serían seres vivos porque no son autopoiéticos, es decir porque no son capaces de replicarse por si mismos”.


Desde un punto de vista epidemiológico los virus se comportan como agentes infecciosos semejantes a las bacterias. Sin embargo, se diferencian netamente de los clásicos microorganismos en cuanto a su unidad estructural, composición química y naturaleza de su crecimiento.  


Los virus tiene un solo tipo de ácido nucleico, ADN o ARN, escasas proteínas, hidratos de carbono y lípidos; pocas enzimas; y su crecimiento es por síntesis independiente de sus componentes.


Los microorganismos son células con ADN y ARN, abundantes proteínas, hidratos de carbono, lípidos y gran cantidad de enzimas; además tienen  capacidad para generar ATP, y crecen por división binaria. Cabe destacar que las clamydias y rickettsias, al igual que los virus, no crecen en medios artificiales, y son por lo tanto parásitos intracelulares obligados.  


Los virus no son sensibles a los antibióticos de acción farmacológica. La única excepción la constituye el rifampin, un derivado  de la rifamicyna producida por el Streptomyces mediterranei, que actúa sobre los virus pox. Solamente los virus y clamydias son sensibles a los interferones.
      
¿Son los virus seres vivos o elementos inanimados? Los virus están en el umbral  entre lo vivo y lo inanimado. Al ingresar a una célula suplantan a los genes celulares y bloquean la síntesis de macromoléculas celulares, reemplazándola por la producción de ácidos nucleicos y proteínas virales, constituyéndo la forma más perfecta de parasitismo.


Los virus tienen una composición química simple, aunque presentan una gran variedad de formas y tamaño, e importantes diferencias en los tipos de genoma y estrategias de replicación. Para reproducirse deben necesariamente introducir su ácido nucleico en el interior de una célula viva, por lo tanto los virus serían verdaderos parásitos genéticos que al suplantar a  los genes celulares, dirigen el metabolismo celular a generar productos virales, algunos de los cuales bloquean la síntesis de proteínas y ácido nucleicos celulares.


La continuidad fenotípica de los virus está dada por la información codificada en su genoma; sin embargo, los virus presentan una gran plasticidad, siendo capaces de mutar con la probabilidad de que se presente  un cambio en un aminoácido una vez en 1 x 10.000 ó 10.000.000 de la progenie.

Muy equivocado estaba William H. Stewart, quién en 1969, es decir hace casi 50 años, se atrevió a afirmar que había llegado "el momento de cerrar el libro de las enfermedades infecciosas" olvidando que en ambientes nuevos hay peligros nuevos y si las enfermedades infecciosa fueron entre el 2000 a.C. hasta el 2000 d.C, prioritariamente, un peligro para la salud humana y animal, actualmente en el año 2010 son las nuevas enfermedades infecciosas como el SIDA, virus Ebola, virus Hanta en el hombre, las que constituyen peligros reales para la salud.