miércoles, 19 de noviembre de 2014

ABORTO ENZOÓTICO DE LOS PEQUEÑOS RUMIANTES Jesús Salinas et al. 2014

El aborto enzoótico de los pequeños rumiantes

Es una zoonosis profesional que puede ocasionar abortos y septicemias en mujeres embarazadas



El aborto enzoótico de los pequeños rumiantes
Esta enfermedad, causada por Chlamydia abortus, está ampliamente distribuida y es responsable de numerosas pérdidas económicas por abortos al final de la gestación. Además, está catalogada como zoonosis profesional y puede afectar a mujeres embarazadas.
Jesús Salinas, Daniel Álvarez, Nieves Ortega, Antonio J. Buendía, Laura Del Río, María Carmen Gallego, Joaquín Sánchez, José A. Navarro, Francisco Cuello y María Rosa CaroGrupo de Investigación en clamidiosis animales
Facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia
El aborto enzoótico de los pequeños rumiantes o aborto enzoótico ovino (AEO), es una enfermedad de distribución mundial, y es la principal causa de aborto infeccioso en pequeños rumiantes en numerosos países como Reino Unido, Francia, Holanda e Italia, y también en diversas regiones de España en las que se ha estudiado. El agente etiológico responsable de esta patología es Chlamydia abortus, una bacteria gramnegativa intracelular obligada (figura 1) que ha recibido otras denominaciones en los últimos 20 años (Chlamydia psittaci serotipo 1 o, más recientemente, Chlamydophila abortus). Además del alcance económico que implica el AEO, merece especial atención por tratarse de una zoonosis profesional que puede ocasionar abortos y septicemias en mujeres embarazadas en contacto con rebaños infectados.

Figura 1. Detección de C. abortus mediante una tinción de Stamp (izquierda), una tinción de Giemsa (centro) o una inmunofluorescencia (derecha).
Transmisión
Las clamidias se eliminan principalmente en las secreciones vaginales de animales infectados en los momentos previos y posteriores al aborto y en las placentas y fluidos de los fetos abortados. Una vez en el medio ambiente, el microorganismo puede permanecer viable durante varios días.
El contagio suele producirse por vía oral mediante la ingestión de bacterias presentes en el agua o comida contaminadas, o mediante el lamido e ingesta de restos placentarios. Otra vía de infección es la aerógena, a través de la inhalación de aerosoles presentes en ambientes contaminados. Existen otras vías de transmisión posibles pero menos significativas como son la venérea, la orofecal y a través de la secreción láctea en el caso del ganado caprino.

Patogenia y manifestaciones clínicas
Tras la infección por vía oronasal, el microorganismo se establece en los órganos linfoides faríngeos donde, tras un periodo de multiplicación, se establece un estado de latencia, que puede durar más o menos tiempo en función del momento en que los animales queden gestantes. A mediados de la gestación, las clamidias se diseminan vía hemolinfática hasta alcanzar la placenta, desencadenando el aborto, 2-3 semanas antes de la fecha estimada de parto, o un parto a término de corderos muertos o muy débiles que mueren pocos días después (figura 2). Las ovejas raramente presentan sintomatología clínica antes del aborto y vuelven a ser fértiles tras el mismo; por el contrario, en la especie caprina resultan frecuentes las retenciones placentarias, endometritis y vaginitis.
Figura 2. Feto (izquierda) y placenta (derecha) procedentes de un aborto por C. abortus en una explotación de ovejas.
Los cambios patológicos en la placenta se hacen evidentes a partir de los 90 días de gestación. Durante las etapas finales (de los días 125 a 140 de gestación), la placenta se encuentra masivamente infectada por C. abortus y las alteraciones de la unión fetoplacentaria pueden llegar a provocar el aborto (figura 3).
Figura 3. Tinción inmunocitoquímica de una infección clamidial en placenta.
La infección induce una respuesta inmunitaria que protege a las hembras infectadas de abortos sucesivos, aunque sigan excretando C. abortus ocasionalmente durante los partos y los estros en los años posteriores, favoreciendo de esta manera el mantenimiento y la diseminación de la enfermedad en el rebaño afectado.
En lo que respecta a ovejas no gestantes, C. abortus es capaz de producir una infección latente, que no estimula una inmunidad protectora, con la consiguiente reactivación y multiplicación del microorganismo durante la siguiente gestación.
Algunas ovejas infectadas llegan a parir corderos vivos débiles. En los neonatos infectados se han descrito lesiones como neumonía (figura 4), encefalitis, hepatitis e incluso miocarditis. Esto puede deberse a la inmadurez del sistema inmunitario de estos animales, que sería incapaz de prevenir la diseminación del patógeno hacia varios territorios orgánicos.
Figura 4. Pulmón de un cordero afectado por una bronconeumonía clamidial.
Diagnóstico
Los signos clínicos que evidencia un rebaño afectado por C. abortus no son suficientes para llegar a un diagnóstico certero de la enfermedad. Algunos datos epidemiológicos, como la persistencia de la infección en el rebaño y la afectación mayoritaria de primíparas con abortos tardíos, nacidos débiles o mortinatos pueden hacer que el veterinario incluya el AEO como primer diagnóstico diferencial. Sin embargo, existen otras enfermedades abortivas en los pequeños rumiantes que pueden cursar con cuadros similares, como la toxoplasmosis, la brucelosis o la fiebre Q, por lo que la única forma de emitir un diagnóstico certero implica la confirmación del laboratorio.
Las técnicas laboratoriales que se pueden emplear para el diagnóstico de C. abortus pueden clasificarse en directas e indirectas (figura 5). Las primeras persiguen la identificación de C. abortus en las muestras recibidas (bacterioscopía mediante tinción de Stamp, técnicas inmunocitoquímicas, aislamiento o PCR), mientras que las segundas detectan anticuerpos generados por los hospedadores tras la infección (ELISA o RFC).
Figura 5. Representación esquemática delos métodos directos eindirectos utilizados en el diagnóstico laboratorial del AEO en función delas muestras remitidas al laboratorio.
Prevención y control
En la prevención y control de las clamidiosis abortivas en pequeños rumiantes se establecen tres tipos de medidas:
Manejo
El objetivo de estas medidas sería evitar la introducción de animales infectados en rebaños libres de la enfermedad manteniendo a estos últimos en sistema cerrado o incorporando animales de reposición procedentes de granjas libres de C. abortus. Si el patógeno ya está en el rebaño, se debe aislar inmediatamente a las ovejas que aborten, retirar los restos del aborto y limpiar y desinfectar la paridera para limitar en la medida de lo posible la diseminación de la enfermedad. Estas medidas son de difícil aplicación debido a la presencia de portadores asintomáticos y a la imposibilidad de distinguir animales vacunados de infectados mediante diagnóstico serológico convencional.
Tratamiento con antibióticos
Las tetraciclinas se usan en rebaños de ovejas gestantes infectadas para reducir la incidencia de abortos y muertes perinatales. Sin embargo, el uso de antibióticos no garantiza evitar el aborto ni la eliminación de patógenos al ambiente durante el parto. Esto, unido a las preocupaciones típicas del uso de antibióticos como la aparición de resistencias y la seguridad alimentaria, hace que el tratamiento con estos fármacos no deba ser rutinario para controlar la infección, sino que se debe reservar para casos excepcionales.
Vacunación
Como ya se ha mencionado, tras una primoinfección por C. abortus, los animales generan una respuesta inmunitaria de memoria eficaz para no volver a sufrir problemas reproductivos en posteriores contactos con el mismo agente infeccioso, de ahí que la vacunación sea la medida más efectiva para el control y prevención de esta enfermedad.
En la actualidad existen dos tipos de vacunas disponibles comercialmente, las inactivadas y las vivas atenuadas. Las vacunas inactivadas fueron las primeras en utilizarse poco después del descubrimiento de la enfermedad, en la década de los 50. El principal problema que plantea su uso es que, aunque disminuyen significativamente el número de abortos, no impiden la excreción de clamidias en el momento del parto, lo que favorece la persistencia de la infección de forma enzoótica en el rebaño vacunado. La vacuna atenuada es una cepa mutante termosensible del microorganismo, es decir, crece como una cepa normal a 37 ºC, pero a 39 ºC (temperatura corporal normal de las ovejas), su crecimiento es muy limitado. Esta vacuna ha demostrado ser muy efectiva en condiciones de campo, evitando el aborto y la excreción de clamidias. Sin embargo, a pesar de estos buenos resultados, la naturaleza “viva” de una vacuna siempre implica riesgos y limitaciones en su uso, más aún en el caso de C. abortus, que puede causar una grave zoonosis en mujeres embarazadas. Además, esta vacuna no puede administrarse a animales gestantes o a animales tratados con antibióticos, lo que restringe aún más su uso. Existe también el riesgo de que las cepas atenuadas reviertan a ser virulentas y causen enfermedad y aborto en animales vacunados. Estudios recientes han demostrado la conexión entre esta vacuna y la aparición de casos de AEO.
Una forma de evitar los inconvenientes de las vacunas descritas sería el desarrollo de una vacuna subcelular que contenga aquellas moléculas clamidiales que intervengan específicamente en la inducción de una respuesta inmunitaria efectiva. La principal proteína candidata es la MOMP, que induce protección administrada en su forma oligomérica nativa. Sin embargo, la purificación de esta proteína a partir de cultivos es una técnica demasiado costosa para la elaboración y comercialización de este tipo de vacunas para el ganado.
Otro aspecto a considerar son los adyuvantes, sustancias químicas o componentes microbianos capaces de potenciar la respuesta inmunitaria generada por los antígenos vacunales a los que se asocian. Así, la elección del adyuvante en la elaboración de vacunas es de vital importancia ya que son capaces de polarizar la respuesta inmuniataria hacia un tipo específico de inmunidad y hacer que al final la vacuna sea eficaz o no. Empleando modelos experimentales murinos y ovinos de infección y de validación de vacunas frente a C. abortus, se han ensayado y seleccionado adyuvantes que mejoran sustancialmente la protección ofrecida por diversas vacunas inactivadas comercializadas en varios países europeos, incluida España.

Perspectivas
El aborto enzoótico de los pequeños rumiantes, causado por Chlamydia abortus, es una enfermedad ampliamente distribuida, responsable de numerosas pérdidas económicas por producir abortos al final de la gestación. Además, está catalogada como zoonosis profesional, pudiendo afectar especialmente a mujeres embarazadas.
Dada la inespecificidad de sus síntomas, se hace necesario el diagnóstico laboratorial de esta enfermedad en el rebaño. La prevención y el control pasan por el empleo de vacunas, y actualmente existen dos modalidades, las inactivadas y las atenuadas con diferentes ventajas e inconvenientes. Las investigaciones actuales se centran en el desarrollo de nuevas vacunas inactivadas asociadas con adyuvantes que potencien una respuesta inmunitaria eficaz y segura.

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