miércoles, 23 de abril de 2014

BROTE DE BVD EN UNA EXPLOTACIÓN DE VACUNO LECHERO Juan Manuel Loste 2014

Brote de BVD en una explotación de vacuno lechero



Novilla de 16 meses con enfermedad de las mucosas.
Los episodios de BVD suelen conllevar importantes consecuencias para los rebaños de vacuno de leche, especialmente en el plano reproductivo y, por tanto, en el ámbito económico. Una actuación fundamental ante un brote de este tipo es la localización de los animales persistentemente infectados (PI).
Juan Manuel Loste
Albaikide S.A.
Imágenes cedidas por el autor

 El virus de la diarrea vírica bovina, (virus BVD, por sus siglas en inglés) es un pestivirus de la familia Flaviviridae. Tradicionalmente los pestivirus comprenden cuatro especies principales: virus BVD tipo 1, virus BVD tipo 2, virus de la enfermedad de la frontera y virus de la peste porcina clásica. En la actualidad se incluyen también en este grupo virus atípicos como el pestivirus de la jirafa o el virus BVD tipo 3.
En Europa se encuentra principalmente distribuido el tipo 1, mientras que el tipo 2 se consideraba más propio de Norteamérica y se asociaba a formas clínicas graves trombocitopénicas. Sin embargo se está aislando con relativa frecuencia el tipo 2 en Europa y con presentaciones en algunos casos muy virulentas, con gran número de bajas incluso en animales adultos, como ha ocurrido recientemente en Alemania.
El virus BVD es el causante de una de las enfermedades más importantes del ganado vacuno en todo el mundo. Esto se debe a la alta prevalencia en muchos países, combinada con la capacidad de diseminación y los efectos directos e indirectos sobre las producciones y la reproducción a través de la inmunosupresión que provoca.
Los animales que entran en contacto con el virus y no están gestantes sufren una viremia de unos 20 días (viremia transitoria) que normalmente pasa desapercibida, y pasan a ser seropositivos de por vida a la proteína NS3 o p80, que ofrece protección para cepas homólogas. No está aún claro el papel de las viremias transitorias en la transmisión de la enfermedad.
Por otra parte, si el virus entra en contacto con hembras seronegativas gestantes, y en función de la fase de la gestación y de la virulencia de la cepa, se pueden ver abortos, reabsorciones o nacimiento de terneros con diferentes malformaciones, sobre todo del sistema nervioso, debido al tropismo del virus por él.
El cuadro clínico es muy variable, ya que pueden aparecer problemas reproductivos, cuadros respiratorios, entéricos, etc. y destaca el papel inmunodepresor del BVD.
Respecto al diagnóstico, éste suele ser laboratorial tras sospecha clínica, como en este caso, y puede ser indirecto o directo. Podemos localizar al virus mediante pruebas de detección de anticuerpos (proteína p80) por ELISA o seroneutralización, o bien búsqueda de antígenos mediante PCR o ELISA.
El papel de los animales PI
El virus se propaga principalmente a través de individuos persistentemente infectados (PI). Estos animales aparecen cuando una hembra gestante se infecta con una cepa no citopática del virus del BVD en las primeras semanas de la gestación (normalmente hasta el día 100-120). Así, el virus alcanza al feto cuando este aún no ha desarrollado su sistema inmunitario y el animal lo reconoce como un elemento propio, frente al que no se genera reacción inmunitaria.
Estos animales PI serán de por vida eliminadores de grandes cantidades de virus. Si un PI se sobreinfecta con una cepa homóloga citopática desarrollará una enfermedad mortal denominada enfermedad de las mucosas. Esta cepa citopática suele proceder de una mutación del propio virus que porta el PI.
Numerosos estudios epidemiológicos avalan que el porcentaje de PI en grandes colectividades ronda entre el 0,5 % y el 1,5 %, mientras que en los rebaños puede variar desde el 0,5 % al 20 %, en casos excepcionales y muy poco frecuentes. Los animales PI son una fuente muy eficaz de dispersión del virus, como pudimos observar en el caso que se describe a continuación, en el que un solo PI fue capaz de hacer que todos los animales que había en su lote y en los lotes contiguos se volvieran seropositivos.
El virus se propaga principalmente a través de individuos persistentemente infectados (PI). Estos animales aparecen cuando una hembra gestante se infecta con una cepa no citopática del virus del BVD en las primeras semanas de la gestación (normalmente hasta el día 100-120). Así, el virus alcanza al feto cuando este aún no ha desarrollado su sistema inmunitario y el animal lo reconoce como un elemento propio, frente al que no se genera reacción inmunitaria.
Estos animales PI serán de por vida eliminadores de grandes cantidades de virus. Si un PI se sobreinfecta con una cepa homóloga citopática desarrollará una enfermedad mortal denominada enfermedad de las mucosas. Esta cepa citopática suele proceder de una mutación del propio virus que porta el PI.
Numerosos estudios epidemiológicos avalan que el porcentaje de PI en grandes colectividades ronda entre el 0,5 % y el 1,5 %, mientras que en los rebaños puede variar desde el 0,5 % al 20 %, en casos excepcionales y muy poco frecuentes. Los animales PI son una fuente muy eficaz de dispersión del virus, como pudimos observar en el caso que se describe a continuación, en el que un solo PI fue capaz de hacer que todos los animales que había en su lote y en los lotes contiguos se volvieran seropositivos.

Descripción del caso
El caso clínico que vamos a describir ocurrió en una explotación de vacuno lechero situada en la zona centro de Navarra, con 110 vacas y 95 novillas. Los problemas clínicos comenzaron en diciembre de 2012, con un aborto de un feto de 227 días. En enero de 2013 hubo un mortinato, en febrero dos y en marzo otros dos, todos ellos de vacas multíparas. De éstos, dos presentaban malformaciones en extremidades y cuello, principalmente.
Los terneros morían en las primeras 24 horas de vida o se sacrificaban por no ser viables.
Respecto a los abortos, además del que hubo en diciembre se produjeron cuatro en febrero, dos en abril, uno en julio y dos en agosto. Las gestaciones estaban entre el día 51 y 161, aunque la mayoría (siete casos) entre el día 51 y el 83. Del resto, una pérdida se produjo a los 97 días de gestación y la otra a los 161. De las hembras que abortaron, ocho eran vacas y dos novillas.
En febrero, cuando se produjeron cuatro abortos y dos mortinatos, se enviaron dos sueros pertenecientes a dos vacas abortadas, y los resultados analíticos mostraron positividad únicamente a anticuerpos del virus BVD frente a p80 y fueron negativos para IBR, Neospora, Fiebre Q, Clamydophila y Leptospira.
Para saber si esas infecciones por virus del BVD eran recientes se muestrearon diez novillas de entre 6 y 12 meses. De ellas, nueve fueron positivas a p80. Ante estos resultados se determinó que, efectivamente, en esos momentos estaba circulando el virus BVD, o al menos, que lo había hecho recientemente.
Se tomó la decisión de vacunar frente al virus BVD, aunque antes se intentó localizar al animal o los animales PI que hubiera en el rebaño. Para ello se realizaron los siguientes análisis:
PCR de tanque de leche (rtRT-PCR Pesti-H) para detectar si había PI entre las vacas lactantes.
ELISAi frente a p80 (ELISAb BVD BDp80) en suero de las vacas secas y novillas de más de seis meses. A los animales negativos a p80 se les realizó en la misma muestra de suero un ELISA de antígenos para detectar la presencia de virus (ELISAag BVD). A los animales negativos a p80 y positivos a antígenos se les repitió el ELISA de antígenos en un mes para descartar una viremia transitoria.
Biopsia de cartílago auricular (ELISAag BVD) en los animales de menos de seis meses.
Resultados de los análisis
El PCR de tanque resultó negativo, por lo que se descartó la presencia de algún PI entre las vacas lactantes. Todas las biopsias de cartílago de oreja fueron negativas, mientras que la serología frente a p80 de las novillas de más de seis meses y vacas secas resultó positiva en todos los animales menos dos. De éstos, uno fue positivo a antígenos y el otro, negativo. Ambos se volvieron a analizar al cabo de un mes para ver si era una viremia transitoria o estábamos frente a un PI, y de nuevo el primero resultó positivo a antígenos, mientras que el que había dado negativo pasó de Ac negativo y Ag negativo a Ac positivo y Ag negativo. Este resultado implicaba que en el primer test no había entrado en contacto con el virus o no había seroconvertido y en el segundo, sí.
El animal PI resultó ser una novilla de diez meses nacida de otra novilla introducida con siete meses de preñez en la explotación. Se testó a la madre para descartar que fuera un PI, pero resultó ser positiva a p80 y negativa a antígenos.
La novilla PI presentaba un crecimiento ligeramente menor a sus compañeras, pero esta diferencia era difícil de detectar en el lote en el que se encontraba. Una vez que se recibió el resultado de la segunda muestra, fue eliminada.
En mayo se vacunó toda la explotación, y al mes se revacunó.
Respecto al manejo que había llevado el animal PI, se había mantenido en una caseta individual hasta los dos meses; posteriormente, pasó a un lote de diez terneras otros dos meses más. Desde los cuatro meses y medio estuvo con otro lote de 30 novillas hasta los nueve meses, cuando pasó al lote de novillas hasta que son inseminadas y diagnosticadas. Las casetas y el primer lote se encuentran separados de las vacas de producción, secas y novillas mayores, mientras que en los siguientes grupos la ternera PI ya estaba en contacto directo (separado por una valla) con el resto de los lotes de secas, novillas y vacas lactantes, puesto que estas últimas pasan dos veces al día (en los ordeños) al lado de todas las novillas y secas.
Aproximadamente 15 días después de pasar al lote de las novillas mayores de cuatro meses apareció el primer mortinato.
Novilla persistentemente infectada (número 26) por una cepa no citopática de virus BVD. Obsérvese la diferencia de tamaño respecto una compañera (30) una semana más joven.
Efectos sobre la reproducción
Durante la presencia del animal PI y un mes después de su eliminación (siete meses) se produjeron diez abortos y seis mortinatos, alguno de ellos con malformaciones.
En 2011 hubo dos abortos y en 2012 otros dos. No se conoce la causa de éstos, pero sí sabemos que durante esos años no había circulación de BVD, pues en marzo de 2011, octubre de 2011 y abril de 2012 se testaron 10 novillas frente a p80 y en todos los casos la positividad fue menor del 25 %, lo que nos hace afirmar, casi con total seguridad, que hasta que no nació este animal PI no había virus BVD en este rebaño.
Respecto a los índices reproductivos, en la figura 2 se muestran las fertilidades de novillas y vacas. Vemos cómo la bajada más importante de fertilidad en vacas se produce entre enero y abril, aunque entre febrero y marzo es mucho más acusada; y en novillas entre enero y febrero, posiblemente porque el animal PI se encontraba en contacto más estrecho con las novillas.
Pérdidas asociadas al brote
Existe numerosa bibliografía sobre el coste del BVD en el vacuno lechero. Se estima las pérdidas provocadas por un brote de BVD oscilan entre 20 y 337 e por vaca. Diferentes estudios señalan pérdidas entre 11 y 39 e por 1.000 litros de producción, lo que supone pérdidas superiores al coste de la mastitis (11 e/1.000 l). Cada aborto se estima que supone entre 464 y 800 e y cada PI nacido entre 375 y 1.800 e. El coste de una viremia transitoria sin aborto es de 99 e.
Determinar las pérdidas de este brote de BVD es difícil, pero solo en abortos alcanzarían los 3.500 e, 1.200 e por el PI y 1.150 e por los mortinatos. Los efectos sobre los terneros (44 e/ animal enfermo), sobre el aumento de los días en leche por la pérdida de fertilidad (1,2 e/día abierto incrementado por encima de 160 días/vaca), novillas con viremia transitoria (99 e) etc., son difíciles de calcular.
Un estudio escocés sugiere que en vacas de carne el coste es de 58 e por vaca presente en un brote de BVD en rebaños sin anticuerpos previos frente a p80.
Independientemente de la cuantificación exacta del coste económico de este caso concreto de BVD, lo que sí está justificado es la búsqueda del PI, su eliminación y la implantación de medidas de bioseguridad. Teniendo en cuenta que el rebaño no tiene prevista la entrada de animales externos, se sugiere seguir durante un año el chequeo de las terneras recién nacidas con un ELISA de antígeno en cartílago de la oreja y la vacunación cada medio año a partir de seis meses de edad de todos los efectivos.
El papel de los animales PI
A la hora de enfrentarnos a un caso de BVD, se presenta la disyuntiva de buscar o no los animales PI. Hay varios aspectos a tener en cuenta: bioseguridad, coste, etc.
La bioseguridad de la explotación es un punto fundamental. En un rebaño en pastos comunales o con reposición externa posiblemente no tiene mucho sentido la búsqueda del animal PI, pues las posibilidades de nuevas introducciones de animales PI o gestantes de un PI o contacto con animales PI son altísimas. En granjas cerradas, con buena bioseguridad, podemos plantearnos un plan de erradicación interno.
El coste dependería de varios aspectos pero fundamentalmente de si el PI está en las vacas de producción. Si el PCR de tanque es positivo, deberíamos sangrar a todas las vacas y analizar los anticuerpos p80, y a las negativas hacer ELISA de antígenos, con lo que el coste se dispararía. En los animales de menos de seis meses habría que hacer un ELISA de antígenos en cartílago de oreja y no de sangre entera, para evitar interferencias con anticuerpos maternales, pero no sólo de los animales presentes, sino de todos los que vayan naciendo durante ocho o nueve meses después de la aparición del último PI.
En el caso que se describe se realizaron 99 ELISA p80, 20 ELISA Ag y un PCR de tanque. El coste total de la analítica fue de 638,50 e. A esto habría que añadirle los ELISA de antígenos que habría que hacer a los animales recién nacidos al menos durante un año después de la aparición del último PI.

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