miércoles, 18 de marzo de 2015

ERRADICACIÓN DE LA PESTE BOVINA Boletín OIE 2011, 2 2015

Erradicación de la peste bovina
Boletín OIE  2011, 2

La odisea de la erradicación de la peste bovina
Bernard Vallat

Los años 1924 y 2011 son emblemáticos para la OIE, ya que están asociados a la lucha mundial contra la peste bovina, una de las enfermedades animales más temibles de la historia de la humanidad. En 1924, tras una nueva incursión del virus de la peste bovina en Europa, por el puerto de Amberes, Bélgica, algunos veterinarios visionarios decidieron crear una organización mundial capaz de informar a sus Países Miembros en el caso de epizootias y de facilitarles la información científica pertinente para luchar contra las enfermedades animales con mejores armas.

Han transcurrido casi noventa años, los 28 países signatarios del Acuerdo Internacional del 25 de enero de 1924 sobre la creación de la Oficina Internacional de Epizootias (OIE) han pasado a ser 178, y la OIE se ha convertido en la Organización Mundial de Sanidad Animal, al tiempo que conserva su acrónimo histórico. Las primeras recomendaciones formuladas a favor de una coordinación de esfuerzos en la lucha a escala internacional contra la peste bovina y otras epizootias listadas en esa época (fiebre aftosa, carbunco bacteridiano, viruela ovina, rabia, muermo, durina, peste porcina clásica) sentaron las bases de lo que serían las políticas sanitarias mundiales preconizadas por la OIE.

Los primeros pasos de la OIE en la lucha contra la peste bovina, en particular en Asia, África y Medio Oriente, consistieron en establecer una cooperación científica con los institutos nacionales de investigación existentes a fin de determinar los métodos más eficaces para evitar la propagación de la enfermedad, poner a punto y normalizar vacunas seguras y eficaces, y obtener los consensos estratégicos sobre los fundamentos científicos para las acciones de control y prevención por parte de los Países Miembros. Desde la década de los sesenta, las campañas masivas de vacunación emprendidas por los Países Miembros concernidos, acompañadas de medidas de control clásicas, posibilitaron un importante retroceso de la enfermedad, pese a su devastadora reintroducción en el continente africano veinte años después, en la década de los ochenta. La respuesta internacional a la resurgencia de la enfermedad contó, una vez más, con el apoyo de la OIE, en particular gracias a la adopción y la publicación de “normas recomendadas para la vigilancia epidemiológica de la peste bovina”. Se trataba de la denominada “Vía de la OIE” para la obtención del reconocimiento oficial de la situación de los Países Miembros libres de peste bovina, aprobada por voto de la Asamblea General de Delegados nacionales de los Países Miembros, y que contemplaba las tres etapas que cada país infectado debía seguir para obtener este reconocimiento por la OIE. Paralelamente, las Naciones Unidas asumieron decididamente su compromiso mediante el Programa Mundial de Erradicación de la Peste Bovina (PMEPB) coordinado por la FAO, a partir de los años noventa, en colaboración con la OIE y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y con el apoyo masivo a los países afectados de proveedores de fondos tales como la Unión Europea, a fin de acelerar la declaración oficial por la FAO y la OIE de la erradicación mundial de la enfermedad, prevista a más tardar en 2011.

Hoy día, 198 países han sido reconocidos libres de peste bovina por la OIE con el apoyo permanente de la FAO,  lo que representa la totalidad de países en el mundo con poblaciones animales sensibles a la infección. Este trabajo ha sido realizado con diligencia por los expertos y los agentes de la OIE encargados de proponer el reconocimiento y que han verificado minuciosamente la ausencia de circulación del virus de la peste bovina en cada uno de estos países.

Se trata de un gran éxito, no solo en el ámbito científico sino también en el ámbito de la coordinación y cooperación entre las organizaciones internacionales y con el conjunto de la comunidad mundial. Pero sobre todo, es un éxito para los Servicios Veterinarios y el conjunto de la profesión veterinaria, en particular porque en muchos países pobres infectados la falta de recursos de los Servicios Veterinarios constituía un freno importante al establecimiento de estrategias eficaces de lucha.
En numerosos países que han conocido aún recientemente la epidemia de la peste bovina, el desarrollo económico podía a menudo estar ligado al rendimiento de su ganadería en términos de producción, de salud de los animales y de calidad y seguridad sanitaria de los productos de origen animal; estos resultados dependen directamente de sus Servicios Veterinarios nacionales. El éxito progresivo de las campañas de lucha contra la peste bovina ha contribuido con el paso de los años a convencer a los responsables nacionales e internacionales de la necesidad de fortalecer los Servicios Veterinarios para que su acción sea eficaz en la lucha no solo contra la epidemia de la peste bovina sino también contra cualquier otra enfermedad animal. La OIE se ha comprometido de este modo para que los Servicios Veterinarios sean reconocidos como un Bien Público Internacional y para que su puesta en conformidad con las normas internacionales constituya una prioridad de la inversión pública. En este año 2011, la proclamación oficial por la FAO y la OIE de la erradicación planetaria de la peste bovina permite celebrar esta victoria, que coincide además con el 250.° aniversario de la creación oficial de la profesión veterinaria. Es la primera vez que una enfermedad animal es erradicada en el mundo, al igual que la viruela en el hombre es la única enfermedad erradicada a la fecha por el mundo médico. Queda un último reto por superar, el de la etapa que seguirá a la erradicación. Aunque el virus de la peste bovina ya no circule entre los seres vivos, se conserva aún en ciertos laboratorios principalmente para la fabricación de vacunas en el caso en que la enfermedad reaparezca algún día por accidente o debido a un acto de bioterrorismo. La coordinación y la cooperación internacionales serán una vez más cruciales para poder determinar las condiciones aceptables de posesión y de uso del virus conservado en esos laboratorios. La OIE, en colaboración con la FAO, se compromete desde ahora a definir una gestión fiable y transparente de este proceso con sus Países Miembros.
Por otra parte, la OIE trabaja desde ya en la preparación de las estrategias que permitan avanzar en el control mundial, en el futuro, de otras temibles enfermedades como la fiebre aftosa, la rabia y la peste de los pequeños rumiantes.

Una breve historia de la peste bovina
Walter Plowright

Es casi seguro que los primeros brotes ocurrieron entre los años 376 y 386 d.C. Las primeras descripciones clínicas disponibles de la enfermedad provienen, en 1712, de Bernardino Ramazzini (1633-1714), profesor principal de medicina en la universidad  de Padua, quien admitía la existencia de similitudes entre la peste bovina y la viruela humana. Sin embargo, en la misma época, el primer avance científico en el control de la enfermedad se debe a Giovanni Maria Lancisi (1654- 1720). La naturaleza contagiosa de la peste bovina fue reconocida por Johann Kanold (1679-1729) en Prusia, quien observó en 1711 que la enfermedad era transmisible y que el ganado que había superado la infección adquiría una cierta resistencia.
Aparte de las primeras medidas de profilaxis sanitaria esencialmente definidas por Lancisi, los primeros ensayos de profilaxis médica siguieron el ejemplo de lavariolización (inoculación). Tal parece que las primeras tentativas de prevención de la enfermedad por inoculación (administración de productos completamente virulentos) se llevaron a cabo en Gran Bretaña y en los Países Bajos en 1754 y 1755 respectivamente.
Entre todos los ensayos de inoculación practicados, cabe mencionar los de Geert Reinders en los Países Bajos. Geert Reinders  (1737-1815) era un campesino y Bernardino Ramazzini Giovanni Maria Lancisi Geert Reinders autodidacta. Con la ayuda de Pieter Camper (1722-1789), practicó varios ensayos de inoculación de éxito variable. Durante estas experiencias, Reinders observó que los becerros nacidos de las raras vacas que habían superado la infección se habían vuelto a su vez resistentes a la inoculación. Se trata probablemente de la primera observación de la inmunidad transmitida de origen materno (Barrett y col., 2006). Tras el descubrimiento por Edward Jenner en 1796 de que la vacunación mediante la “viruela vacuna” podía prevenir la viruela humana, se hicieron nuevos ensayos de inoculación. También se practicaron otros ensayos utilizando la “vacuna” para combatir la peste bovina.
Entre 1865 y 1867, Gran Bretaña conoció una epizootia de peste bovina sin precedentes (Colectivo, 1866). Aprovechando este episodio, Henri Bouley (1814-1885), profesor de la Escuela de Medicina Veterinaria de Alfort, demostró la total falta de protección conferida por la vacuna contra la peste bovina. Para ello, envió ocho becerras vacuníferas a Gran Bretaña, en pleno centro de la epizootia. Todas las becerras murieron de peste bovina. La fundación de las primeras Escuelas veterinarias en Francia (Lyon y Alfort) por Claude Bourgelat (1712-1779), así como la efímera Escuela veterinaria de Limoges (1766) estuvo motivada en gran  parte por la peste bovina, más que la hipiatría (Meiller y Vannier, 1986). Los primeros estudiantes egresados de estas escuelas fueron enviados al campo a luchar contra las grandes afecciones de los animales astados (Mammerickx, 1971; Vallat, 2009).
La peste bovina también ha desempeñado un papel considerable en la evolución de las ciencias médicas en general y de la microbiología en particular. La peste bovina ha contribuido de modo destacado a la conceptualización de los agentes infecciosos (Wilkinson, 1992). Friedrich Löffler (1852-1915) y Pavil Frösch (1860-1928) fueron los primeros en demostrar que una infección animal, la fiebre aftosa, era causada por un virus y no por una bacteria o una toxina. Este descubrimiento de la naturaleza de ciertos agentes infecciosos fue seguido rápidamente del de otros agentes patógenos de características similares.
En 1902, Maurice Nicolle (1862-1932) y Mustafa Adil-Bey (1871-1904) demostraron que la peste bovina también era causada por un virus; lo que resultó una verdadera sorpresa porque otras “pestes humanas” eran de origen bacteriano. Este descubrimiento dio lugar a una controversia, en particular Alexandre Yersin (1863-1943), descubridor de la bacteria responsable de la peste humana, intentó invalidar los resultados practicando experiencias en Vietnam (en Na Trang). Aparte de este descubrimiento fundamental, numerosos científicos reputados de esta misma época han contribuido a nuestros conocimientos sobre la peste bovina.
Así, con ocasión de la epizootia que afectó a Sudáfrica a finales del siglo XIX, los alemanes enviaron a ese país a Robert Koch (1843-1910) y a Paul Kohlstock (1861-1900) para estudiar la enfermedad y su prevención, mientras que el Instituto Pasteur de París enviaba a Jules Bordet (1870-1961) y a Jan Danysz (1860-1928), que trabajarían con un joven veterinario suizo, Arnold Theiler (1867-1936).
La aventura de la peste bovina habría podido terminarse allí. Lamentablemente, en 1920, la peste bovina llegó accidentalmente a Bélgica. Un rebaño de cebúes infectados, proveniente de las Indias inglesas y destinado a Brasil, reintrodujo la enfermedad. Los animales, en tránsito en el puerto de Amberes, permanecieron durante unos 15 días en los locales de cuarentena donde estuvieron en contacto con un rebaño americano de vacunos de carne, expedido después a los mercados de Bruselas y Gante. En esta última localidad, el rebaño contaminó a bovinos originarios de Alemania que, después fueron distribuidos por el país y diseminaron la enfermedad. Surgieron varios brotes y la enfermedad solo fue reconocida al cabo de tres semanas, pese a la muerte de siete de los cebúes que estaban en tránsito. Las medidas de profilaxis exclusivamente higiénicas, creando el vacío en torno a los brotes, terminaron con la epizootia tras unos cinco meses (agosto de 1920 a enero de 1921).
La reaparición de la peste bovina en Europa, de donde había sido eliminada, puso de manifiesto la necesidad de una colaboración internacional para luchar contra las principales enfermedades  contagiosas de los animales domésticos y salvajes. Efectivamente, Francia, ante la extensión de la peste bovina en Bélgica, convocó a una reunión internacional a fin de organizar la lucha contra las enfermedades contagiosas de los animales en el plano mundial.
Esta reunión fue el origen de la creación en 1924 de la Oficina Internacional de Epizootias (OIE), actualmente Organización Mundial de Sanidad Animal.
El primer presidente de la OIE fue el médico veterinario belga Henri De Roo (1861-1930), diplomado en 1886 por la Escuela Veterinaria de Cureghem. Sus funciones en Bélgica le llevaron a desempeñar un papel esencial en la lucha contra la peste bovina de 1920 y dar una brillante muestra de su aporte (Pastoret, 1986).
Como se dice, no hay mal que por bien no venga. La continuación es otra historia.

Bibliografía

Barrett T., Pastoret P.-P. & Taylor W.P. (2006). – Rinderpest and peste des petits ruminants. Biology of animal infections (P.-P. Pastoret, series editor). Academic Press-Elsevier, Amsterdam.
Blancou J. (2003). – History of the surveillance and control of transmissible animal diseases.
Organización Mundial de Sanidad Animal, París.
Colectivo (1866). – Third report of the Commissioners appointed to inquire into the origin and nature, etc., of the cattle plague; with an appendix. Presented to both Houses of Parliament by Command of her Majesty, Londres (disponible en la web: post.queensu.ca/~ forsdyke/rindpst2.htm).
Dieckerhoff W. (1890). – Geschichte der Rinderpest und ihrer Literatur. Verlag von Th. Chr. Fr. Enslin, Berlín.
Mammerickx M. (1971). – Claude Bourgelat, avocat des vétérinaires. Chez l’Auteur, Bruselas.
Meiller D. & Vannier P. (1986). – Limousines. L’aventure de la race bovine limousine en France et dans le monde. Éditions La Manufacture, Lyon.
Pastoret P.-P. (1986). – La peste bovine et la profession vétérinaire. En: De l’art à la science, 150 ans de médecine vétérinaire à Cureghem, 1936-1986. Ann. Méd. vét., 117-122.
Plowright W. (1985). – La peste bovine aujourd’hui dans le monde. Contrôle et possibilité d’éradication par la vaccination. Ann. Méd. vét., 129, 9-32.
Spinage C.A. (2003). – Cattle plague. A history. Kluwer Academic/Plenum Publishers, Nueva York.
Vallat F. (2009). – Les boeufs malades de la peste. La peste bovine en France et en Europe,
XVIIIe-XIXe siècles. Presses universitaires de Rennes
Wilkinson L. (1992). – Animals and disease. An introduction to the history of comparative medicine. Cambridge University Press, Cambridge.



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