jueves, 20 de enero de 2011

RABIA EN ZORRO GRIS PATAGÓNICO, MAGALLANES. J.C. Durán R. 1989

Rabia en zorro gris (Pseudalopex griseus) patagónico, Magallanes, Chile
Juan C. Durán R. , Miriam Favi C.


Resumen

Por muchos años, la rabia en Chile se ha descrito directamente relacionada con el medio urbano. Esta conceptualización se acentuó, por la frecuencia de humanos que aparecían como mordidos por animales. Entre el resto de animales, los silvestres han tenido históricamente en el país una representatividad tangencial o nula en la vigilancia epidemioepizootiológica de esta enfermedad, que necesita un análisis integrado como zooantroponosis.

Se realiza la primera descripción de rabia en zorro gris (Pseudalopex griseus) por inmunofluorescencia directa y diagnóstico biológico en la XII Región de Magallanes y Antártica Chilena y un análisis y proyección de resultados de muestreos sistemáticos de rabia silvestre en zorro gris en una extensa área de Magallanes continental y Tierra del Fuego, considerada históricamente como libre de rabia, en la que se determina una prevalencia de un 8,62% (n = 58) con un grado de confianza de 95%, se determina un error estándar 0,38 y los límites de confianza = 7,86–9,38%. Se establece la distribución de la positividad según: sexo, área muestral y edad de la muestra poblacional. La positividad se manifiesta en Tierra del Fuego y en el área continental de la XII Región siendo la distribución más austral del país. Se determina una positividad creciente desde 1–12 meses a 37–60 meses de edad. Se estiman las magnitudes etarias de animales infectados en el área de estudio y se revisan aspectos biológicos de zorros y de rabia, con experiencias internacionales comparables que nos aproximan a la solución del manejo y control de la enfermedad. Los impactos sobre los recursos faunísticos y ganaderos en el área de estudio de la XII Región, permiten demostrar la factibilidad del tratamiento. Se plantea la necesidad de fomentar la cooperación interdisciplinaria y transectorial en la búsqueda del manejo integrado, para el bienestar de la sociedad.

Introducción

La rabia es una zoonosis milenaria de alta significancia mundial en salud pública, agricultura y economía, especialmente ligada a los cánidos: perros, zorros, lobos, chacales, coyotes; a los mustélidos: mofetas y mapaches, y a los quirópteros: vampiros y murciélagos insectívoros (Sikes, 1981; Carey y McLean, 1983; Cherkasskiy, 1988; Charlton y col., 1988; Steele, 1988).
En URSS, los lobos matan anualmente, 50.000 animales, entre los que destacan bovinos, equinos, ovinos, ciervos domésticos y otros, con pérdidas anuales de US$ 45.000.000, y además son responsables del 3,5% de los casos de rabia humana en varias regiones, lo que ha llevado a un Consejo de Ministros a tomar diversas medidas de control, como es la bonificación de caza, lo que ha logrado aumentar el número de capturados de 20.600 en 1976 a 33.500 en 1981 (Cherkasskiy, 1988).

La rabia de zorros es ampliamente reportada. Secord y col. (1980) describe prevalencias de rabia en URSS de 3% y de 75% en zorros árticos y en Canadá encuentra prevalencias de 5,4% y 21,9% para los mismos. En Europa se describen epizootias de rabia en zorros, consignando en Dinamarca y Suiza ocurrencias de 51% del total de 4.195 zorros muertos por atropellos, trampas y cazadores, 95% de los cuales tenían el virus en su saliva, con fluctuaciones epizoóticas estacionales de 3 a 7 años (Wandeler y col., 1974 a, b; Sikes, 1981). En Suiza en un área de rabia, se determinó la presencia de actividad neutralizante sérica en el 52% (n=178) y 43% de zorros normales (n=61); en áreas sin rabia un 24% de zorros tenían actividad neutralizante sérica (Wandeler y col., 1974 b).

En USA la rabia en zorros se ha encontrado en tres estados, con prevalencias en zorros rojo de 1,7% (n=1 17) y en zorro gris de 3,3% (n=909). En Virginia, a través de anticuerpos, la prevalencia de rabia fue de 7,5% en zorro gris (n=94) y en 2,1 % de zorros rojos (n=47) (Carey y McLean, 1983).

Los países desarrollados de Europa y Norteamérica, por cada caso doméstico, consignan sobre tres casos de rabia silvestre. Los países latinoamericanos, en cambio, presentan una alta proporción de casos domésticos sobre los silvestres (Durán y Favi, 1988). En Chile, la vigilancia epidemiológica se ha centrado históricamente en los animales domésticos.
En 1979, en Magallanes, por el manejo silvopastoral, uno de los autores de este trabajo realizó entrevistas a profesionales, ganaderos, y pastores, detectando signo de daño al ganado ovino por zorros, por prelación y heridas por mordeduras que, aunque fueran leves eran letales a corto plazo. Un 2 a 4% de los ovinos moría por causa indeterminada. En Chile, en 1982, se realizó el primer estudio poblacional de zorros grises (Psectdalopex griseus) en el área de Magallanes continental, determinándose una población de 65.835 ejemplares, con una metodología transectal de franjas truncadas, en la red caminera (Durán y col., 1985). En noviembrediciembre de 1984, con igual metodología y en una segunda etapa, se determinó una población para esta área de 70.492 ejemplares y de 42.478 para Tierra del Fuego (Durán, 1989 a). Con un muestreo de 74 zorros grises entre ambas áreas estudios, realizados entre febrero y marzo de 1985, se estudió la estructura etaria por cronología dentaria y cristalinos (Durán y Alvarez, 1986) y la positividad a rabia por inmunofluorescencia directa y diagnóstico biológico en ratones lactantes (Durán y Favi, 1988).

Los planteamientos señalados para los estudios poblacionales de zorros, dados por los organismos oficiales evaluadores (Corporación Nacional Forestal, Comisión Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico y Servicio Agrícola y Ganadero) estaban dirigidos a estudiar la posibilidad de extracción racional, pero no incluían diversos aspectos de funcionamiento de las poblaciones y comunidades, entre los cuales eran de alta prioridad los estudios de rabia, por tratarse de una zoonosis de alto riesgo en el manejo del recurso según antecedentes y signos.
Con el objetivo de determinar la existencia de rabia en zorros grises, en la XII Región de Magallanes y Antártica Chilena, históricamente libre. de la enfermedad, y para definir en caso de confirmarse, el nivel de prevalencia, describiendo grupos etarios, sexo y distribución geográfica de los positivos, se planteó una muestra poblacional tanto en el Area Continental como en Tierra del Fuego.

Material y métodos

El área muestral de 313.000 ha en Magallanes continental y de 195.000 ha en Tierra del Fuego, se definió como una franja transectal de 5 km de ancho y con un largo total de 1016 km sobre la red caminera de ambos sectores de la XII Región de Magallanes y Antártica Chilena, considerada representativa de la distribución y hábitat de estos cánidos, en la estepa patagónica (Durán y col., 1985) (figura 1). En 1985, se capturó con rifles, en forma sistemática en el área de distribución, un total de 74 ejemplares de zorros grises (P. griseus), de aspecto normal, los que fueron numerados e identificados para estudios diversos. Dado que la zona estaba considerada libre de rabia, se definió un grado de confianza de 95%, y para una prevalencia crítica de 5% se procedió a un submuestreo aleatorio simple, y a la toma de muestras de cerebro en un total de 58 animales (OPS, 1973), y a su envío en condiciones de refrigeración al Instituto de Salud Pública, con la posterior congelación. se identificó las muestras de los animales por sector de estudio y sexo, estimándose la edad por medio de cronología dentaria y peso de cristalinos (Durán y Alvarez, 1986) estructura etaria, distribución geográfica (Durán y Favi, 1988). Durante 1986, se procedió al estudio de la muestra por medio de las técnicas de diagnóstico de inmunofluorescencia directa (IFD) para la detección de antígeno en frotis de cerebro (Larghi, 1975), y al diagnóstico biológico (DB) por inoculación intracerebral en ratones lactantes (Mus musculus) cepa CF 1 con suspensión de cerebros (Martín y col., 1973). A la prevalencia encontrada en la muestra (p), como estimador puntual de la prevalencia real de la población (P), se le estimó el error estándar, que se multiplicó por el factor 2,0 para un grado de confianza de 95% y se construyó un intervalo de confianza para la prevalencia real (OPS, 1973). Se realizó uná proyección poblacional por clase etaria y prevalencia (Durán y Favi, 1988), estimando el número de zorros positivos por clase etaria y total con sus límites de confianza. Se realizó una revisión y discusión de la información, consideraciones y medidas necesarias para acercarnos a una solución de alta factibilidad.

Resultados y discusión

Los resultados generales, se entregan en el cuadro 1. De los 58 zorros estudiados, 43 (74,13%) eran de grupos etarios entre 1 y 36 meses, y 14 (24,14%) entre 37 y 84 meses de edad. Se diagnosticó rabia en 5 animales por IFD y/o DB, se consignó una prevalencia de rabia en la muestra estudiada, de 8,62%, para un coeficiente de confianza de 0,95 calculándose un error estándar 0,38 y límites de confianza 7,86–9,37%. Los animales positivos se distribuyeron tanto en el área continental, en las localidades de Bernardo O'Higgins (N=1), San Gregorio (N=1) y Morro Chico (N=1), como en Tierra del Fuego, en la localidad de Porvenir (N=2) (figura 1). Además, se distribuyen entre tres grupos etarios de menor edad. Los animales aumentan la ocurrencia de rabia, de menor a mayor edad, alcanzando una positividad de 22,22% en el grupo de 37 a 60 meses. No se consignó ocurrencia de rabia en los grupos sobre 61 meses de edad. La distribución de la rabia por sexo, es en tres ejemplares hembras y dos machos.

Basado en la estructura etaria de los 74 zorros y las estimaciones poblacionales realizadas en la XII Región para el Sector Continental, Isla Riesco e Isla Tierra del Fuego (Durán y Favi, 1988; Durán, 1989 a), se estimó la población existente por grupo de edad para la Región: una población de adultos maduros y viejos de 6.100 animales, los que no muestran rabia, aunque el número muestral de estos grupos es bajo. Suponiendo que la muestra estudia da tiene la misma distribución que la población, cabe destacar que los grupos de mayor riesgo de portar la infección estarían entre 13 y 60 meses, pues estimándose un N = 42.748 zorros, su prevalencia otorga a la clase un N = 7.888, e incluye a los grupos etarios prerreproductivos y reproductivos adultos jóvenes, de esperada mayor vagilidad y actividad migratoria.

De aceptarse la virtual existencia del orden de 10.000 zorros grises infectados, para una superficie del orden de 3.000.000 ha, significaría una densidad de 0,33 zorros rabiosos por km2. A la fecha del estudio, las densidades de zorros en Tierra del Fuego y del área continental, se consignaban entre 0,61 y 5,77 zorros/km2 (Durán y Favi, 1988; Durán, 1989 a). Anderson (1981), desarrolla un modelo de dinámica de la rabia en zorros rojos europeos, con una carga típica entre 0,1–4,0 zorros/km2, que requieren de 4 a 6 días promedio para contactarse entre grupos familia. Agrega que la rabia persiste en poblaciones de zorros sólo en bajas prevalencias (3–7%), pero se vería asegurada por su alta susceptibilidad a ésta. Lo anterior es confirmado por Blancou (1988), quien determina que, comparativamente con otros animales, el zorro (Vulpes vulpes), tiene la máxima susceptibilidad al virus rábico tipo zorro, siguiéndole la liebre, ratones y ratas, y siendo 100 veces menos susceptible los ovinos que los bovinos, y los ratones 10.000 veces más susceptible que los perros. Agrega que estos mismos animales tienen distintos rangos de excreción viral por las glándulas salivales, siendo de un 90–100% en zorros, 80–90% en bovinos y ovinos, 30–40% en liebres, 70–80% en gatos y 20–30% en perros.

El alto consumo de liebres por P. culpaeus en Neuquén, Argentina (Crespo y De Carlo, 1963), el alto consumo de ovinos por P. griseus en Tierra del Fuego (Atalah y col., 1980), el daño que pueden causar estos carnívoros a poblaciones roedoras (Pearson, 1971), el rol de predador oportunista, de amplia dieta en áreas de conservación de fauna en peligro de extinción como Chinchilla lanigera (Durán y col., 1987), y por lo mismo su participación en el ciclo silvestre de enfermedades parasitarias como Chagas (Durán y col., 1989), son aspectos a incluir en el análisis integrado de la función de estos cánidos silvestres.

Carey y MacLean (1983), han descrito la coadaptación entre el virus rábico del biotipo zorro y el huésped que, según el autor actuaría como reservorio y vector. Estos dos roles y agregado el de víctima de la rabia del género Vulpes, se facilitan por su carácter ubicuitario, naturaleza prolífica y longevidad, entre otros, una rápida y eficiente recuperación poblacionel (Blancou, 1988). Aún cuando entre los métodos de control de la rabia se contempla la reducción de la población susceptible, ésta trae controversias (Rosatte, 1987), siendo de creciente aceptación la vacunación oral en cebos con incorporación de sustancias atrayentes, lo que ha permitido liberar extensas áreas de rabia en zorros (Schneider, 1985; Baer, 1988).

Según Johnston y col. (1988), una invasión de rabia desde el Artico en la década de 1950 ha persistido 30 años al sur de Ontario, donde ahora es enzootia en zorros rojos y mofetas, con un costo estimado anual de US$ 14.000.000, con 2.000 casos diagnosticados en animales domésticos y silvestres de 2.300 vacunaciones humanas. El costo incluye la vacunación humana y animal, indemnizaciones e investigación sobre el control de vida silvestre. Estos autores agregan que lo extensivo del área y la baja densidad humana comparada con Europa, los ha llevado a desarrollar métodos de optimización de estrategias cebos–vacuna para maximizar el costo beneficio. En 1986 el costo de la distribución aérea de cebos era de US$ 1,06 por km2, con 1,25 líneas de vuelo por km. Lo anterior no incluía el costo del cebo y la vacuna. Ellos estiman que el costo de distribución terrestre es 10 veces mayor que el aéreo, con un alto esfuerzo, y menos efectivo por problemas de acceso en terreno para cubrir las áreas de tratamiento. De la experiencia señalada y por la similitud de extensividad y acceso, se perfila un tratamiento semejante como vía para la solución de la enzootia rabia en Magallanes. La similitud es además en componentes faunísticos involucrados.

La XII Región, donde se realiza este estudio, y la XI donde se presentan altas poblaciones de zorros grises y colorado (P. culpaeus) (Durán, 1989 b), reúnen experiencias de animales cosechados a base de estudios. pero también con alto contrabando de pieles hacia Argentina. Esto permitiría explicar en parte, las cosechas y exportaciones por k m2 de Argentina, cerca de 540 veces mayores que Chile (1,2991 zorros versus 0,0024 zorros, respectivamente) que encuentran Iriarte y Jaksic (1986). Es muy factible la inversión de vacunación bajo esquemas señalados, puesto que las densidades promedio de zorros de 2,49/ 100 ha en el Continente y de 2,68 en Tierra del Fuego, y la alta cotización internacional de pieles de ambos recursos que les señalan Ojeda y Mares (1982) (US$ 39 por piel de zorro gris–US$ 76 por culpeo) con todo el valor agregado a la protección humana, pecuaria, y de vida silvestre de alto valor económico y ecológico. Estas proyecciones confirman en Chile, el acuerdo del Comité de Montes del Consejo de la FAO en mayo de 1982, que otorgó primera prioridad en los planes nacionales de desarrollo forestal, al manejo de fauna silvestre para seguridad alimentaria y fuente de beneficios socioeconómicos (FAO, 1988).

En el área, existen altas poblaciones de liebres (Lepus europaeus) y conejos (Oructolagus cuniculus) que están siendo exportadas por empresas regionales. A la fecha, 120 lagomorfos han sido estudiados por inmunofluorescencia directa, 8 pasaron al diagnóstico biológico como sospechosos, desarrollándose parálisis total en ratones lactantes, por inoculación de suspensión de cerebro con 5 muestras, sin detectarse antígeno rábico a la IFD en los cerebros de los animales sacrificados, los que se siguen estudiando, para la identificación del agente causal. Se conjugan diversos factores integrados, que determinarán la mantención de la rabia en la XII Región y su probable expansión, de no mediar un manejo efectivo y oportuno. Las interrelaciones predador–presa, con los lagomorfos señalados, así como las relaciones con otros carnívoros y roedores, se ven acrecentadas con las relaciones del hombre que se contacta con estos recursos, y que ignora el alto riesgo que corre. La XI Región, exportaba 77.584 kg de liebres y 61.521 pieles (Chile, 1982 a), conociéndose que estas cifras han aumentado anualmente al igual que en la XII Región.

Al cuadro anterior, se agrega la existencia de la mayor masa ovina del país concentrada entre ambas regiones que superan los 4.000.000, una masa bovina de 326.111 cabezas (Chile, 1982 b), 32.776 equinos (Chile, 1976), una rica y variada fauna silvestre, donde sobresalen las poblaciones de guanacos (Lama guanicoe) que según nuevos registros (no publicados) alcanzan del orden de los 20.000 ejemplares; pequeñas poblaciones de cérvidos en peligro de extinción como huemules (Hippocamelus bisulcus). La XII Región presenta otras cinco especies de mamíferos considerados en peligro de extinción en Actas del Simposio Estado de Conservación de la Fauna de Vertebrados Terrestres de Chile (CONAF, 1988) y de gran importancia biológica, siendo susceptibles de contraer rabia: Ctenomus magellanicus magellanicus, Pseudalopex culpaeus lucoides, Felix colocola, Felis geoffroyi, Mirounga leonina. Y obviamente, otros 6 mamíferos que están en condición de raros, y 7 vulnerables, obligan a una acción transsectorial efectiva respecto a rabia.

Los recursos naturales faunísticos, pecuarios y la población humana de las Regiones XI y XII, no están siendo cubiertos con una adecuada vigilancia epidemo–epizootiológica de rabia, baste señalar que en un análisis de registros y muestras enviadas de la XII Región entre 1929 a la fecha, sólo se remitieron 6, todas de animales domésticos y negativas. La XI Región, registra la referencia de envío de sólo 4 muestras al Instituto de Salud Pública. Lo anterior se agrava por la falta de vacunas antirrábicas para humanos y animales en ambas regiones, probablemente por considerarse áreas libres de la enfermedad.

En noviembre de 1986, comunicamos al Servicio Agrícola y Ganadero de ambas regiones, la presentación de rabia en una muestra poblacional de zorro gris, e internamente al Ministerio de Salud. En el VI Congreso Nacional de Medicina Veterinaria de diciembre de 1986, Santiago, Chile, se expusieron los resultados preliminares a la comunidad científica (Durán y Favi, 1986). La opinión pública conoció por diversos medios de difusión la noticia. El 5 de enero de 1987, la Subsecretaria de Salud, impartió un instructivo sobre el control de rabia animal y sobre el cumplimiento del manual del programa de prevención, donde se especifica las medidas de vigilancia epidemiológica en ambas regiones, dándose las directivas de coordinación para el envío de muestras al Instituto de Salud Pública. Hasta la fecha, no se han remitido muestras, salvo las que son parte de nuestro proyecto de investigación.

Winkler (1988), dedujo, que un área importante de investigar en la problemática de rabia es la cooperación. Primero centra la discusión en la falta universal de cooperación entre Ministerios de Salud, Agricultura y de Vida Silvestre o similares. Agrega además, que penosamente otra área necesaria, es la que involucra la interacción interdisciplinaria señalando que ya no puede mantenerse la rabia como una problemática médica, veterinaria, patológica, clínica y epidemiológica, sino que debe requerir el incremento de la participación de otros especialistas como biólogos, mástozoólogos, ecólogos, geógrafos, etólogos, estadísticos y educadores en salud pública. Aparte de la necesidad de cooperación internacional, la lucha contra esta enfermedad requiere de la cooperación del área privada y de gobierno local y nacional.

La posibilidad de integrar la problemática de rabia dentro del amplio contexto del manejo integrado de recursos como los zorros patagónicos, que desarrollamos ahora como proyecto, cobra una dimensión ambiental especial, para realizar la interrelación multidisciplinaria y multisectorial. De este modo lo que puede parecer no prioritario para profesiones y disciplinas específicas alcanza otra percepción, cuando surgen relaciones de múltiples interseptos que buscan resolver un problema de alto impacto socioeconómico. Este conocimiento, permite aproximarnos al mejor manejo de los recursos faunísticos y ganaderos que contribuyen al desarrollo y bienestar de una sociedad que espera una acción moderna, integradora y efectiva.

Referencias

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