domingo, 18 de octubre de 2009

EDWARD JENNER Y EL DISTEMPER CANINO

Edward Jenner escribió sobre el distemper canino en ¡1809! El trabajo fue publicado en Transactions o the Medico-chirurgical Society of London N° 1: 265 -270, 1809, con el nombre de "Observations on the Distemper in dogs". Copia del trabajo original me fue enviado gentilmente desde el Museo de E. Jenner en England! Lo leí y lo traduje:

Los verdaderos sabios fueron siempre hombres universales, humanistas, de muchas y variadas inquietudes. En la práctica diaria fueron agudos observadores de la Naturaleza, desprejuiciados, eclécticos y sencillos, en suma hombres completos, paradigmáticos. Quienes se limitan a su campo, como lo hacen algunos de los actuales científicos, nunca alcanzarán la verdadera sabiduría que en último término confiere la grandeza de espíritu tan cara a os ojos de la Humanidad. Los investigadores profesionales que realizan una investigación compulsiva destinadas a obtener un éxito inmediato para su currículum no tienen una musa dada por la natural curiosidad y ansias de conocimientos que es la base de toda experimentación.

Edward Jenner no trabajaba en una universidad, no dispuso de "grants", ni formaba parte de un equipo de investigadores, pero, tuvo la gran capacidad de observar, experimentar y demostrar sus hallazgos haciéndolos además, convincentes. Su investigación fue tan estricta como se lo permitieron las situaciones locales de su época.

E. Jenner fue no sólo el médico inglés que se hizo famoso por instaurar la vacunación antivariólica en el hombre usando pústulas de la viruela bovina, sino que también fue un naturalista que preparó las muestras geológicas y zoológicas traídas por el capitán James Cook en el barco Endeavor luego de su viaje por los mares del Sur. En sus estudios descubrió que el cuclillo era un ave parásita que acostumbraba poner sus huevos en nidos ajenos y que la alondra no es quien anuncia la aurora sino el petirrojo. En 1798, fue nombrado “Fellow of the Royal Society” por la publicación sobre el cuco (cucú) que parasitaba el nido de otras aves. Junto a John Hunter estudió el fenómeno de hibernación en los puercoespines y la migración de las aves. Descubrió un fósil marino que llamó Plesiosaur y lo describió como un monumento de mundos perdidos. Como médico desarrolló métodos para purificar el tártaro emético posibilitando su uso como antiparasitario. Otro logro fue haber aclarado la causa de la angina de pecho.

Además, actuó como médico veterinario al describir por primera vez el distemper o moquillo canino, y tratar de desinfectar los criaderos de perros contaminados con el miasma del distemper, lo que no logró. Por otra parte, intentó establecer una línea diagnóstica entre el distemper y la hidrofobia, a veces confundida, aunque aclarando que no tenía los antecedentes necesarios que le permitieran entregar un concepto definitorio.
Este famoso médico inglés fue un gran observador de la Naturaleza y en cierto modo un adelantado para su época, recordemos que según Jenner: “El alejamiento del hombre del ambiente en el cual fuera colocado originariamente por la Naturaleza, ha resultado para él, una fuente de enfermedades. Su amor al boato, su complacencia en el lujo y su afición a las diversiones, lo han familiarizado con un gran número de animales que no estaban destinados a vivir con él”.

Jenner es considerado como el padre de la inmunología al instaurar la vacunación contra la viruela. Quizás su obra ha sido opacada por este inmenso logro y no es conocida en su integridad. Y este es el motivo de esta presentación. Darlo a conocer como hombre universal.

Los nombres de los grandes investigadores emergen solitarios, en su vida diaria se movieron entre colegas que parecían sus pares, cuyo apoyo o antagonismo les hizo perseverar, recapacitar y afinar sus investigaciones, confiriendo relevancia a sus hallazgos. E. Jenner era modesto como un buen y auténtico sabio, y percibía que en sus experimentos quedaban situaciones oscuras. En su Segunda Memoria lo reconoce y confesándose incapaz de aclararlos, decía: “Hay por lo expuesto algunas conjeturas expresamente destinadas a presentar a la consideración de los que están capacitados para tales discusiones en temas apropiados para una investigación más precisa”. El humilde médico de campo dejaba sitio a los científicos de su época y del futuro. Mientras tanto añadía, proseguiré estos estudios animado por la esperanza que de ellos resulte un beneficio para la humanidad. Y así diciendo tornó la vista a los cielos de Gloucestershire y estudió la migración de las aves, tarea en la cual lo sorprendió la muerte acaecida en 1823.

Edward Jenner es un Benefactor de la Humanidad. La vacunación Jenneriana lo elevó a un grado superior entre sus pares. Está entre los inmortales!


Edward Jenner y el distemper canino

E. Jenner presentó sus observaciones sobre el distemper en “Medical and Chirurgical Society of London” el 21 de marzo de 1809 y las publicó en el número 1 de la revista “Transactions of the Medico-chirugical Society of London, en seis páginas (265 a 270). Inicia su presentación expresando que su trabajo en el campo favoreció sus deseos de hacer algunas observaciones de esta singular enfermedad avalada por la observación durante varios años de un gran número de perros raposeros, dedicados a la caza de zorros, en Earl of Berkeley, Inglaterra, y de observar cuán frecuentemente esta enfermedad se confundía con la hidrofobia. E. Jenner decía “Me ha sido difícil precisar el tiempo de su primera aparición en Inglaterra. En este país y en sus vecinos no me ha sido posible constatar su presencia más allá de la mitad de la última centuria”.

Según E. Jenner (1809), el distemper es una enfermedad contagiosa de los perros semejante a la viruela y otras en la especie humana, y que el miasma contagioso, retiene sus propiedades infecciosas durante un largo tiempo. He hecho el empeño de destruir el contagio ordenando lavar cuidadosamente cada parte del criadero, enjuagar y fumigar repetidamente con vapor de ácido marino, sin obtener buenos resultados.

E. Jenner relataba que “Los perros generalmente enferman a principios de la segunda semana después de la exposición al contagio. Lo más común es una violenta enfermedad que comienza con la inflamación de la sustancia de los pulmones y generalmente de la membrana mucosa de los bronquios. Al mismo tiempo la inflamación alcanza a las membranas de las ventanas de la nariz y a aquellas alineadas con los huesos de la nariz, particularmente la porción nasal del hueso etmoides. Estas membranas están a menudo inflamadas en tal grado que causan extravasación de sangre, la cual he observado coagulada en la superficie. La respiración es corta y rápida, y el aliento a menudo es fétido. Los dientes están cubiertos con un mucus de aspecto oscuro. Frecuentemente los animales enfermos se niegan a alimentarse aunque la sed parece ser insaciable y nada los alegra más que la vista de agua. Los intestinos, aunque generalmente constipados a medida que progresa la enfermedad, son frecuentemente afectados por diarrea al inicio. Los ojos están inflamados y la mirada a menudo es oscurecida por el mucus producido por los párpados, o por la opacidad de la córnea. El cerebro es afectado tan temprano como al segundo día del ataque. El perro se pone estúpido y generalmente cambia sus hábitos. En este estado tiende a alejarse de su casa. El animal es forzado a eliminar, por fuertes expiraciones, el mucus de la tráquea y fauces con un típico ruido de estertor. Sus mandíbulas generalmente están sucias y a veces chorreadas con un líquido espumoso. Durante el progreso de la enfermedad, especialmente en estados avanzados, el animal tiende a morder y rasguñar cualquier cosa a su alcance. Algunas veces se presentan ataques epilépticos o repetidas sucesiones de débiles espasmos convulsivos de los músculos. Si el perro sobrevive, esta afección de los músculos se mantiene durante toda su vida. A menudo son afectados por ataques de una descripción diferente. Primero tambalean, luego se caen, y se revuelcan, llorando como si les pegaran, y rompen la tierra con sus dientes y manos. Luego yacen botados sin sentido y exhaustos. Una vez recuperados se levantan, mueven la cola, parecen tranquilos, hacen caso a los silbidos y se presentan, en muchos aspectos, mejor que antes del ataque. Los ojos, durante este paroxismo, se ven brillantes, a menos que antes se hayan puesto opacos por el mucus o por la opacidad de la córnea, parece que se van a salir de las órbitas. El animal presenta emaciación, tambalea por la debilidad al intentar pararse o por parálisis de sus patas. En este estado, el perro se mantiene hasta la tercera o cuarta semana, y entonces puede empezar a manifestar signos de retornar a la salud (lo cual raramente ocurre cuando los síntomas han continuado con este grado de violencia) o simplemente se muere. Durante la convalecencia, algunas veces los animales, aunque raramente, presentan hemorragias nasales. Cuando la inflamación del cerebro es muy severa, mueren al tercer día”.

“Lo anterior es una descripción del distemper en su forma más grave, porque al igual que en las enfermedades del hombre existe una gradación de su gravedad. Existe también otra afinidad con las enfermedades del hombre y es que el animal que se ha recuperado muy raramente sufre un segundo ataque. Afortunadamente el distemper no se transmite al hombre. A menudo ha sido confundido con la hidrofobia. Nunca he visto un caso de hidrofobia por lo que no estoy en posición de entregar un criterio para distinguir entre esta enfermedad y el distemper en la manera que yo quisiera. Sin embargo y si los hechos se han establecidos correctamente, en la hidrofobia los ojos del perro tienen mayor vivacidad, y como el término lo implica, el perro se niega a tomar agua y se estremece ante su vista, mientras que en el distemper el perro está siempre buscando agua sin satisfacerse con lo que bebe; pero esto no es suficiente para establecer una verdadera línea discriminatoria entre estas enfermedades”.

Grande Edward Jenner. Grande entre los grandes!

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