lunes, 11 de abril de 2011

EDUARDO FUENZALIDA LOYOLA Y LA VACUNA ANTIRRÁBICA CHILENA

EDUARDO FUENZALIDA LOYOLA nació el 18 de octubre de 1911 en la hacienda Los Hualles ubicada en un sector cordillerano de Curicó. Sus estudios primarios y parte de los secundarios los realizó en Curicó, continuando en Santiago en el Liceo Barros Arana y Liceo de Aplicación. En el año 1931 ingresó a la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Chile. Egresó en 1935 titulándose como Médico Veterinario. Inmediatamente fue contratado en el Instituto Bacteriólogico de Chile donde permaneció hasta el año 1966. Fue profesor de la cátedra Enfermedades Infecciosas de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Chile y profesor en la Escuela de Infantería de San Bernardo. En 1935 se desempeñó como Oficial Veterinario en el Ejército de Chile.

Durante varios años ejerció el cargo de Director del Departamento de Microbiología Veterinaria en el Instituto Bacteriológico de Chile. Sin embargo, su máxima dedicación era investigar la inmunoprofiláxis de la rabia, estudios que lo llevaron a presentar en 1954, en la 3a Jornada de la Sociedad Chilena de Salubridad del Instituto Bacteriológico de Chile, junto al médico cirujano Raúl Palacios R., un método nuevo de elaboración de la vacuna antirrábica. Vacuna que superaba sin discusión a la vacuna original de Pasteur y a las existentes en el mundo en ese momento, debido principalmente a que no producía accidentes postvacunales de tipo neuroparalítico y también a su alta potencia inmunológica. Todo un logro para la actividad científica de Chile.

En consideración al éxito de la nueva vacuna y a su gran experiencia, la Oficina Panamericana de la Salud lo incorporó, en 1966, como Investigador y Consultor de la Rabia en el Centro Panamericano de Zoonosis con sede en Buenos Aires, Argentina. En el año 1973 regresó a Chile. Don Eduardo falleció el 19 de julio de 1976 a los 64 años de edad a causa de una afección renal.

La vacuna de cerebro de ratón lactante denominada "Vacuna Fuenzalida - Palacios" es bien conocida. En 1954 Eduardo Fuenzalida L. junto a Raúl Palacios R. dieron a conocer esta nueva vacuna antirrábica la que inicialmente fue aplicada solamente en perros. En 1958 fue probada en el hombre, específicamente en 64 voluntarios del Politécnico de San Bernardo, demostrando que los vacunados producían, a los 21 días de la experiencia, suficientes anticuerpos para obtener una buena protección contra el virus rábico; así se confirmó que la nueva vacuna de cerebro de ratón lactante era 50 a 100 veces más eficiente que la vacuna tradicional. En 1960 el Servicio Nacional de Salud de Chile autorizó su aplicación en seres humanos. En 1963 se permitió su uso en Uruguay, en 1964 en Argentina y Perú; Brasil y Venezuela lo hicieron en 1965, Cuba y México en 1967, Ecuador y Guatemala en 1969.

Eduardo Fuenzalida recibió el reconocimiento a su obra en vida, así México y Brasil le otorgan las máximas distinciones por "Servicios al país" y en Colombia la Condecoración al Mérito Asistencial del Ministerio de Salubridad. El Instituto Pasteur de París le honra con su Medalla de Honor por su importante aporte a la ciencia y a la salud de los pueblos.

En su vida diaria Don Eduardo fue un hombre de avanzada, muy completo, culto, un humanista que desarrollaba su habilidad plástica en la acuarela y el grabado en tinta o en carboncillo. En la actividad gremial fue Presidente del Colegio Médico Veterinario de Chile y Vice-Presidente de la Sociedad de Medicina Veterinaria de Chile.

Como estudiante de veterinaria era considerado por sus condiscípulos como un compañero simpático y alegre, que cuando estaba de humor estudiaba sus preparaciones de anatomía poniendo para su memorización música de cueca, con el consiguiente jolgorio de los concurrentes al pabellón de Anatomía. Los estudiantes de los años 30 lo llamaban "Sandino" por su carácter siempre dispuesto a liderar los pequeños conflictos que se suscitaban entre alumnos y profesores ayudantes. Eulalio Fernández N. en su libro "Medio Siglo de Medicina Veterinaria", capítulo XXVI titulado "Un émulo de Pasteur" dice: "Para gloria de nuestro ya ilustre colega, podemos afirmar que consecuente con sus ímpetus juveniles, nuestro Sandino de la época estudiantil promovió la más noble de las revoluciones, lograda en el campo de la Ciencia, siguiendo la luminosa estela que dejara el gran Pasteur y su humanitario legado, revivido por este modesto hijo de Chile, con su laboriosidad, sabiduría y generosidad". Eduardo Fuenzalida fue un hombre serio, de mediana estatura y complexión maciza, que conservaba su origen rural de la provincia de Curicó. Su manera de hablar era directa, franca y parca, como la de todo hombre de campo. Era sencillo en el vestir y frugal en su alimentación. Le agradaba pasar las vacaciones en su parcela de Curicó sintiendo el trinar de los pájaros y el crecer de los árboles nativos. Cuando vivió en Buenos Aires junto al Parque Palermo, el pulmón verde de la capital argentina, no faltaron en sus balcones los almácigos de ají, orégano, perejil y ajo que en buenas cuentas mitigaban la nostalgia por su parcela curicana.

Su discípulo chileno Fernando Fábrega T., dice: "Aquellos que tuvimos el privilegio de conocerlo, de recibir sus enseñanzas, de palpar su gran hombría; aquellos que con su talento inoculado en nuestras carnes y en nuestro espíritu, recordamos materialmente su figura en presencia del sobrio monolito, ubicado en un jardín del Instituto de Salud Pública (ex Instituto Bacteriológico) denominado en su honor Dr. Eduardo Fuenzalida Loyola, el que fue inaugurado en 1976, como un homenaje al hombre y a su obra, y estímulo perenne a las generaciones del futuro".

Conocí a don Eduardo en mi época universitaria. Desde 1957 estudiaba con su hijo Luis Eduardo en su casa ubicada muy cerca del Estadio Nacional. Recuerdo que criticaba a la enseñanza universitaria y en especial a la dictada en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Chile. Propició abiertamente el cambio de autoridades, lo que efectivamente ocurrió dando paso a grandes modificaciones académicas que alcanzaron su máxima expresión bajo la dirección del Dr. Ramón Rodríguez T., otro virólogo de trayectoria internacional.

Alguna vez estuve con don Eduardo en su parcela de Los Hualles, recolectando manzanas y conversando hasta altas horas de la noche. Recuerdo que viajábamos desde Santiago en su viejo auto, un cacharro cuadrado de color oscuro, con manivela y bigotes, lento pero seguro.

Cuando ingresé a trabajar al Instituto Bacteriológico en la Sección Fiebre Aftosa, él era Director del Departamento de Microbiología Veterinaria. No olvido que sus colegas lo molestaban porque siempre usaba un delantal no muy limpio. El respondía a las pullas argumentando que un delantal sucio era señal que quien lo usaba indesmentiblemente había trabajado. Más de algo le debo a Don Eduardo además de sus consejos y críticas. Gracias a su apoyo fui contratado en abril de 1967 en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Chile para crear el laboratorio de Virología, donde trabajé hasta 1995.

A más de 30 años de su muerte y en nombre de sus discípulos y amigos, entrego esta breve semblanza del viejo Fuenzalida como lo llamaban sus colegas, del estudiante apodado Sandino, del Dr. Fuenzalida médico veterinario paradigmático, émulo chileno de Pasteur, con el fin de agradecer el haberlo conocido y con el íntimo deseo que su recuerdo perdure por siempre, como un ejemplo y estímulo para las nuevas generaciones de médicos veterinarios.

Don Eduardo falleció el 19 de julio de 1979 aquejado de una nefrosis bilateral, según su hijo colega Luis Eduardo posiblemente causada por el uso de timerosal.

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