miércoles, 2 de noviembre de 2011

ANTRAX Y CARBUNCLO BACTERIDIANO ¿Son la misma cosa? Pedro Abalos

  • Ántrax y carbunclo bacteridiano ¿son la misma cosa?

TECNOVET Vol 7 Nº 3, 2001

Departamento de Medicina Preventiva Animal Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias, Universidad de Chile

En primer lugar los dos términos corresponden a la misma enfermedad, sólo que el término inglés 'anthrax' nos está llegando muchas veces repetido como ántrax por los medios de comunicación, debido a los acontecimientos recientes que están ocurriendo en los Estados Unidos de Norteamérica.

En segundo lugar vale la pena recordar que el carbunclo bacteridiano es una enfermedad propia de los animales, cuyo ciclo natural se da en ambientes silvestres y agrícolas y donde el hombre puede adquirirla transformándose en una importante zoonosis. De esta enfermedad ya se tiene antecedentes desde épocas neolíticas en que el ser humano cambió su estructura de vida hacia sociedades agropecuarias y comenzó la domesticación y cría de animales. Antes de eso, si no cazaba para obtener carne, consumía animales recientemente muertos con la probabilidad de morir de un carbunclo gastrointestinal. En la antigüedad, los textos bíblicos mencionan plagas que han sido atribuidas a esta enfermedad y en la edad media pudo ser una de las pestes que asolaron Europa y Asia cobrando cerca de 60.000 víctimas. Las grandes epidemias del siglo XIX que hacen responsable al carbunclo del 20 a 30% de la mortalidad animal en Europa, instó a su estudio científico lográndose determinar su causa, su naturaleza contagiosa y la posibilidad de proteger a los animales mediante una vacuna. Fueron hitos claves de las enfermedades infecciosas que llevaron a Koch a enunciar sus postulados y a Pasteur a ser aclamado por su éxito en el clásico ensayo de su vacuna anticarbunclosa de Poully Le Fort.

Bacillus anthracis capsulado en frontis de material patológico. Tinción de M' Fadyean

El agente causal

El responsable del carbunclo bacteridiano, Bacillus anthracis, es una bacteria que se encuentra distribuida ampliamente a nivel mundial, de lo cual no está excluido Chile y cuyo efecto, aunque esporádico, es bien conocido como 'la picada' por la gente de campo y los médicos veterinarios.

Por ello el carbunclo bacteridiano no nos puede ser extraño y bajo las circunstancias actuales es conveniente refrescar algunos conocimientos. La bacteria tiene tres características importantes: por un lado en condiciones adversas para su desarrollo, se trasforma en una estructura de resistencia denominada espora (1 mm de diámetro) que es muy estable a condiciones ambientales y de temperatura permaneciendo por años en el medio ambiente. La otra característica es que su efecto patogénico o el cómo produce la enfermedad está dado por la generación de un complejo tóxico proteico de tres componentes: factor letal, factor edema y factor antígeno protectivo. Estos actúan en conjunto, donde el factor antígeno protectivo sinergiza a los otros dos y sin el cual la capacidad tóxica se pierde. La tercera característica importante es que la célula vegetativa, o bacteria presente en los individuos, posee una cápsula que la protege de la capacidad defensiva de las células macrofágicas. Esta cápsula tiene importancia diagnóstica pues puede ser visualizada en muestras patológicas y se va perdiendo en los cultivos de laboratorio. Por otro lado, las cepas sin cápsula tienen la cualidad de servir como vacunas.

Es pertinente hacer mención sobre algún mito acerca de la resistencia de la espora de B. anthracis y es que, a pesar de su estabilidad, esta no es más o menos resistente que las esporas de otras bacterias y que su gran persistencia en el medio ambiente, hecho que ha dado origen a los renombrados 'campos malditos' donde corrientemente sucumben animales por causa de la enfermedad, hoy tiene otra explicación en las denominadas 'áreas incubadoras'. Se ha demostrado que existe un ciclo saprofítico en el que en condiciones ambientales favorables de temperatura, humedad y donde el terreno presenta una adecuada cantidad de materia orgánica vegetal, la espora germina y se establece un ciclo vegetativo de multiplicación que posteriormente decae volviendo a esporular, con la consecuencia de mantener e incrementar las esporas en el terreno. Sin duda la persistencia de esporas en recintos cerrados o productos animales (cueros, huesos, etc), dependerá de cuan bien protegidos de condiciones adversas estos se encuentren y por supuesto condiciones de esterilización a altas temperaturas por tiempos prolongados o exposición a desinfectantes fuertes terminan por destruir las esporas

La enfermedad en los animales

Los hervíboros y especialmente los rumiantes son los más afectados. El ciclo natural de la enfermedad, que se da por ejemplo en las planicies africanas o terrenos de pastoreo, permite que en épocas de calor o sequías los animales deban recurrir al pasto corto muy a ras de suelo y probablemente contaminado con esporas. Aquellos que se infectan tienen un período corto de incubación de 1 a 3 días y presentan luego un cuadro clínico de carácter sobreagudo a subagudo dependiendo de la susceptibilidad de la especie, para sucumbir en 1 a 5 días como consecuencia de una septicemia. Existen algunas diferencias en la enfermedad que presentan caballos, cerdos y carnívoros (que consuman cadáveres de animales afectados) que en general tienen menor susceptibilidad y demuestran un cuadro más localizado a nivel de cuello o intestino.

Existen antecedentes de transmisión mediante insectos chupadores (tabánidos) pero que cumplen un rol totalmente mecánico, lo que también ocurre con aves y animales carroñeros que diseminan las esporas en grandes áreas transportando trozos de cadáveres o mediante sus deposiciones.

Los cadáveres entran rápidamente en proceso de putrefacción lo que destruye la forma vegetativa de la bacteria y limita, por fortuna, la esporulación. Pero las secreciones sanguinolentas que escapan de las aberturas naturales de estos cadáveres son ricas en bacterias que esporulan y contaminan el terreno, perpetuando la infección. Cualquier ruptura temprana del cadáver como las producidas por animales carroñeros favorecen la eliminación de bacterias al medio ambiente y su esporulación y por ello en sospecha de carbunclo se recomienda no hacer una necropsia.

Bovino muerto por carbunclo bacteridiano. Nótese el gran aumento de volumen de cuello y vientre por el edema

Las lesiones son las típicas de una septicemia, dominadas por hemorragias, edemas subcutáneo del cuello y generalmente un aumento de tamaño del bazo que aparece de consistencia friable y su interior con aspecto de 'mermelada de moras'. Si se toma una pequeña muestra de sangre, mediante una jeringa, de un animal recientemente muerto y se realiza un frotis teñido para detectar la cápsula de la bacteria,se puede tener un prediagnóstico cierto de la enfermedad y tomar las medidas adecuadas para su control inmediato. La muestra ideal en rumiantes para cultivo bacteriológico es enviar un metatarso o metacarpo ('canilla') al laboratorio desde cuya médula ósea será más factible aislar la bacteria. Esta no es muy exigente al cultivo y en 24 horas el laboratorio podría entregar el resultado. En las especies que cursan con cuadros subagudos más localizados (cerdos y caballos) la muestra de elección serán trozos de ganglios linfáticos del cuello o intestino obtenidos en la necropsia de los animales.

En Chile la enfermedad se presenta en forma endémica, con un mayor énfasis en las regiones ganaderas VIII, IX y X y zona central. En estas zonas se debe vacunar a los animales más susceptibles (herbívoros rumiantes) anualmente. La vacuna licenciada y disponible en el país es la esporovacuna de Sterne, cepa de B. anthracis acapsulada, pero que mantiene la capacidad de producir sus toxinas, especialmente el antígeno protectivo y que es muy eficiente en la protección frente a la enfermedad. Esta vacuna puede producir síntomas e incluso muertes en animales débiles y muy jóvenes. Aunque la enfermedad es rara sobre los 2.000 m. de altura y la bacteria no esporula sobre los 4.000 m., los camélidos son especies bastante susceptibles y deben ser vacunados aunque con precaución cuando se trasladan a zonas endémicas. Por ser esta una vacuna a cepa viva, junto con su aplicación se debe evitar todo tratamiento con antibióticos.

Todos estos antecedentes de la enfermedad en los animales los podemos resumir en tres conceptos importantes que inciden en el control:

La espora que es el elemento infectante está en el medio ambiente donde los animales se desenvuelven y al morir éstos de la enfermedad, la espora vuelve al medio ambiente. Por ello es conveniente enterrar los cadáveres, cremándo previamente. Ante la sospecha de carbunclo se puede hacer un diagnóstico precoz en un cadáver fresco mediante una tinción que coloree la cápsula de la bacteria, y por otro lado el cultivo bacteriológico no presenta mayores dificultades. Ello permite tomar las medidas oportunas en forma rápida. Los animales pueden ser efectivamente protegidos mediante la vacunación.

La enfermedad en el ser humano

La ocurrencia de carbunclo en el hombre dice relación con el contacto que se tenga con animales enfermos o sus productos. Se describen tres tipos de carbunclo humano: cutáneo, digestivo y respiratorio.

La forma cutánea de infección corresponde a la introducción de esporas en heridas o pequeñas escoriaciones de la piel de personas que hayan tenido contacto con animales o productos contaminados (gente de campo, de mataderos, veterinarios, etc.) . Esta es la forma más corriente de la enfermedad a nivel mundial y en Chile. La lesión se conoce como 'pústula maligna' y se presenta generalmente en brazos, manos, cara y cuello y aparece luego de unos 6 a 10 días del contacto. La espora germina y produce las toxinas que generan un edema local. Inicialmente se manifiesta una mácula o pápula prurítica que deriva en una úlcera redondeada al segundo día. Luego se desarrollan vesículas con líquido serosanguinolento rico en bacterias y continúa con una costra indolora, cóncava y negra asociada a un extenso edema local. En una a dos semanas la costra se seca y cae, a veces dejando una cicatriz permanente. Puede existir una linfangitis y linfoadenopatía local dolorosa asociado a síntomas sistémicos. El tratamiento con antibióticos no limita el desarrollo de la lesión, pero disminuye la probabilidad de una enfermedad sistémica. Sin tratamiento se estima una letalidad de 20%, pero con éste la muerte por carbunclo cutáneo es rara.

La forma gastrointestinal es rara y se da en lugares empobrecidos donde escasea el alimento y sobreviene por consumo principalmente de carne de animales recién muertos o sacrificados durante el curso de la enfermedad. Las esporas germinan en el tracto digestivo superior o inferior dando origen a dos cuadros, uno a nivel de la orofaringe con compromiso de ganglios, edema y septicemia y otro que resulta de la infección a nivel de ideo y ciego con síntomas de nausea, vómito y malestar general para luego desarrollar diarrea sanguinolenta, abdomen agudo y septicemia. A menos que se haga un diagnóstico precoz y un tratamiento agresivo de antibióticos, la letalidad será alta.

Casos de carbunclo cutáneo en trabajador rural y cargador en matadero

La forma reconocidamente más grave de enfermedad es el carbunclo respiratorio, que es escaso, siendo los trabajadores de manufacturas de lana y pelo de cabras y ovejas los más expuestos a inhalar esporas en forma accidental y personas que han estado expuestas a aerosoles de esporas liberados de plantas productoras de armas biológicas, que constituyen pocos casos reconocidos a nivel mundial. En este caso, sólo las partículas de lmm a 5mm que contengan esporas alcanzan los espacios alveolares del pulmón. Los macrófagos las ingieren y pueden ser destruidas pero aquellas que persisten son transportadas por vía linfática a los ganglios mediastinales donde la germinación ocurre en un plazo de hasta 60 días. Por lo tanto existe un período de latencia bastante prolongado entre la inhalación y la presentación de síntomas. Una vez que la bacteria se desarrolla, la enfermedad cursa rápida y fatalmente. No se describe un cuadro típico de bronconeumonia y los casos descritos presentan una linfoadenitis torácica hemorrágica y mediastinitis hemorrágica con 50% de probabilidad de meningitis hemorrágica. En la fase clínica se distinguen dos etapas donde en la primera sólo hay síntomas inespecíficos como fiebre, disnea, tos, cefalea, vómitos, escalofríos, debilidad dolor abdominal y del pecho. Esto dura de horas a pocos día y luego sobreviene una aparente mejoría para luego progresar directamente a una etapa fulminante de enfermedad respiratoria con shock terminal, en horas. La letalidad de esta forma es de cerca del 90%. El diagnóstico es difícil pues no hay evidencia bacteriológica en secreciones respiratorias y sólo la historia clínica, antecedentes epidemiológicos y una radiografía de torax demostrando una linfoadenopatía masiva y gran expansión del mediastino pueden alertar a clínicos experimentados. Métodos de diagnóstico rápidos como ELISA para detectar el antígeno protectivo o PCR están disponibles en laboratorios nacionales de referencia de algunos países desarrollados.

El uso de esporas de B. anthracis, junto con la enfermedad del muermo, como agentes bélicos ya fue intentado en la I Guerra Mundial por Alemania como arma contra los animales con el fin de minar la capacidad logística de los ejércitos. Sin embargo, en el caso de carbunclo el descubrimiento de una vacuna tan efectiva como la cepa Sterne limitó su extensión en la guerra bacteriológica. Fue durante la llamada 'Guerra Fría' donde se comenzó a experimentar la posibilidad de utilizar este agente en contra de los seres humanos en forma directa. Y a pesar de los tratados firmados en 1975 por diferentes países que reconocían intentos en este camino, las amenazas están cada día más latentes pues ninguno de los firmantes confió en que los demás cumplirían su palabra.

A pesar de la posibilidad del uso de un tipo de bomba de racimo cargada con esporas de B. anthracis para afectar la población la factibilidad de su preparación, que requiere de cantidades de 50 a 100 kg de esporas por unidad, propone un problema técnico cuya solución sólo los Estados serían capaces de financiar. Además, su eficiencia es limitada si no se cuentan con condiciones meteorológicas adecuadas que permitan una buena dispersión y mantención del agente suspendido durante un período adecuado de tiempo de exposición. Sin embargo, aparte de las víctimas que su uso puede producir, la sensación de indefensión y el terror en la población son el efecto más potente de este tipo de arma.

Esperamos que los acontecimientos actuales no nos hagan volver a la época neolítica o de la edad media en que el carbunclo bacteridiano causaba estragos.

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